(PD).- Ayer le tocó el turno a Cataluña, la Comunidad que electoralmente más se le resiste al PP y que en las elecciones de 2004 le supuso una pérdida de seis de los doce diputados alcanzados en el año 2000. Aun así, la distancia con el PSC es abismal, pues los socialistas tienen 21 escaños y los sondeos les auguran la posibilidad de crecer.
No es pues territorio fácil para los populares, que aspiran, no a ponerse al mismo nivel de las elecciones de la mayoría absoluta de Aznar, sino, al menos, conseguir sendos escaños por las circunscripciones de Gerona y Lérida, donde ahora no tiene representación, y otro más por Barcelona.
Por eso se llevó ayer Mariano Rajoy a Rodrigo Rato a su mitin de Hospitalet. El ex vicepresidente del Gobierno es, además de uno de los miembros del PP con mejor imagen en esta Comunidad, el artífice de lo que se conoció como el «milagro económico español» de la etapa de Aznar y el hacedor del pacto de 1996 con los convergentes.
Su imagen en Cataluña es tan buena que se barajó la posibilidad de que, si decidía volver a la política activa, encabezara la candidatura de Barcelona.
De hecho, consciente del «valor añadido» que supone Rato, el candidato popular invitó a los electores de otras fuerzas políticas a cambiar de voto si albergan dudas sobre el futuro, «porque voy a hacer una política económica como la que hizo Rato durante ocho años y los españoles podrán vivir mucho mejor.
Ya hemos demostrado que sabemos hacerlo, lo hemos hecho y volveremos a hacerlo como hizo Rato», y el aludido sonreía y asentía tímidamente, aunque sus nuevas responsabilidades impidieron que tomara la palabra.
Cataluña es capital para ganar; por eso, al llamamiento a los socialistas desencantados se sumó ayer el realizado a los votantes de CiU -a los que el presidente de los populares catalanes, Daniel Sirera, apeló de manera explícita-.
Rajoy aseguró que «yo voy a cumplir con Cataluña» y ofreció «un gobierno que genere seguridad y certidumbres» frente a las «ocurrencias» que, a su juicio, rigen la ejecutoria del Gobierno.
Tratándose de Barcelona, no lo tuvo demasiado difícil para criticar a Magdalena Álvarez, a la que acusó de «arrogancia, prepotencia y falta de respeto a la gente. Lo que ha pasado en su Ministerio es ofensivo para los españoles».