Un carnaval perpetuo al ritmo de ZP y Chiquilicuatre no hay quien lo aguante

Un carnaval perpetuo al ritmo de ZP y Chiquilicuatre no hay quien lo aguante

(PD).-Detrás del triunfo de ZP cobra vida una auténtica revolución cultural que pinta a la España del Chiki Chiki de cuerpo entero: una sociedad que se entrega al absurdo y al «frikismo». Como han dicho los votantes socialistas, no ha ganado un programa sino el personaje extravagante de la Zeja. Chiquilicuatre y Zapatero, cada cual a su modo, son síntoma y reflejo de la realidad española.

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ZP ha ganado pero sin euforia. Se debe a que que muchos españoles lo han visto como un mal menor, asustados ante la posibilidad de un triunfo de la derecha. No hubo ni programa ni eslogan sino pura fotogenia.

En el contexto nacional político y cultural -como escribe Hermann Tertsch– que se puede sintetizar en los golpes de ingenio de Zerolo y Chiquilicuatre, hoy por hoy dos de los máximos representantes de la España de Zapatero, «habrá quien piense que todo el mundo es Costa Polvoranca, rincón lumpen de copas, prisas y risas, donde el buenismo sonríe y jalea ansias infinitas de paz mientras blande bates de béisbol y amenaza con estiletes».

La democracia boba le lanza también un mensaje al PP para tener presente en estos cuatro largos años que le esperan: la ausencia de expectativas ilusionantes en el proyecto zapateril constituye una palmaria evidencia que da que pensar sobre el futuro. Nunca una victoria ha sido tan poco celebrada. Y apunta Ignacio Camacho:

Zapatero ha ganado porque al final ha inspirado menos desconfianza que Rajoy, pero no más entusiasmo ni mayor ilusión. Y con respecto a sus propios soportes ha perdido palpablemente más apoyo, aunque gracias al voto útil nacionalista haya logrado sumar más respaldo ajeno. Con este panorama se puede engañar a sí mismo observando la superficie, pero si es honesto y perspicaz entenderá que ha recibido una advertencia. Por su forma de gobernar a partir de ahora sabremos hasta qué punto ha sabido entenderlo.

A ver quien aguanta este carnaval «Chiquilicuatre» donde una población desprecia el esfuerzo, desestima la excelencia, confía en que el Estado resuelva todos sus problemas y se reconforta con su propia y grosera pequeñez. Chiquilicuatre y Zapatero son las proyecciones, en el espectáculo y en la política, de una sociedad entregada a un proyecto político temerario pero electoralmente rentable.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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