«Si un niño pide pan, agua o pis en castellano, hay que ignorarlo»

«Si un niño pide pan, agua o pis en castellano, hay que ignorarlo»

(PD).-La imposición del catalán en los centros educativos de Cataluña traspasa los límites de las aulas. La Consejería de Educación de la Generalitat, a través de directores, profesores y personal de servicio, interviene en los patios, los comedores, las actividades extraescolares y en el ámbito familiar. No son incidentes aislados. Es una estrategia para imponer el catalán como lengua habitual fuera del horario lectivo. El fervor de unos y el temor de otros permite que niños de 6 años vean afeada su conducta por pedir hacer pis en castellano.

Como en cualquier sistema de dominación en el que los cómplices pasivos son necesarios, la inmersión lingüística en Cataluña requiere de colaboradores tácitos que ejecuten las reglas que emanan de la Consejería de Educación de la Generalitat. Sara Burgos estaba llamada a engrosar esas filas pero ha roto la cadena de órdenes y el manto de silencio que cubre la implantación del catalán en las escuelas y en la sociedad catalana, informa hoy El Mundo.

Para el Colegi de Educació Infantil i Primaria Gayarre, en el barrio de Sants de Barcelona, su rebelión no es baladí. La insubordinación de Sara, monitora de comedor de 22 años de edad, representa, a juicio de sus superiores, una amenaza para los cimientos de la política lingüística de la Generalitat.

Su acción de sabotaje: contestar en su idioma a los niños de Primero de Primaria -de 6 años- que le solicitaban permiso en castellano para hacer pis o reclamar algo más de pan o agua en la comida.

Sara Burgos es natural de Barcelona y vive en la cercana localidad de Santa Susana, en la comarca del Maresme. Aunque su lengua materna es el castellano, habla perfectamente catalán. «Cuando comencé a estudiar, siempre en colegio público, acababa de ponerse en marcha la enseñanza en catalán, así que lo hablo sin problemas. Quien se dirige a mí en catalán le contesto en ese idioma y si me hablan en español, cambio con naturalidad. No recuerdo que nadie en mi infancia me prohibiera hablar en castellano».

«Hay críos ecuatorianos, incluso un chico de seis años con una edad mental de tres, con problemas de desarrollo y dificultades en el habla, que tiene el castellano como lengua materna y una necesidad muy fuerte de que le hablen en su idioma. También debía contestarle que no le entendía cuando se dirigiera a mí en español».

Tras las vacaciones, Sara Burgos ha vuelto a trabajar, pero ha puesto una condición: que no sea en el CEIP Gayarre. Cuando ella no esté, los niños de Primaria tendrán que aprender a decir pis en catalán si no quieren volver a casa con los pantalones mojados.

Disciplina férrea más allá del aula

Los colegios en Cataluña se rigen por la Ley de Inmersión Lingüística y por las resoluciones 1 de julio de 2005 de la Generalitat «para la organización y el funcionamiento de centros docentes». En ellas se confiere a los colegios actuaciones que trascienden el ámbito escolar, como el fomento de agrupaciones de alumnos fuera del centro con el fin de favorecer «las interacciones comunicativas para mejorar el aprendizaje y el uso de la lengua catalana».

Además, su plan de actuaciones incluye:

– Consolidar la lengua catalana y el aranés, si fuera en caso, como eje vertebrador de un proyecto plurilingüe.

– El proyecto lingüístico debe garantizar un tratamiento de las lenguas que dé respuesta a las necesidades reales de todo el alumnado, velando por el uso del catalán como vehículo de enseñanza y aprendizaje y como lengua de relación en todos los ámbitos.

– La programación general del centro ha de incluir objetivos y actuaciones que garanticen el uso de la lengua catalana entre los miembros de la comunidad educativa.

– Utilizar la lengua catalana como lengua propia de Cataluña, y el aranés en el Valle de Arán, normalmente como lengua vehicular y de aprendizaje en todas las actividades internas y externas de la comunidad educativa.

– Establecer pautas de uso lingüístico favorables a la lengua catalana para todos los miembros de la comunidad educativa y garantizar que todas las actividades y las comunicaciones entre el centro y el entorno sean en lengua catalana, sin perjuicio de que se arbitren medidas de traducción en el periodo de acogida de las familias de alumnos recién llegados.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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