La Infanta Elena alegaría consumo ocasional de cocaína para su divorcio con Marichalar

La Infanta Elena alegaría consumo ocasional de cocaína para su divorcio con Marichalar

(PD).- Desconocimiento del hábito del consumo ocasional de cocaína por parte de su esposo, antes de serlo. Éste es uno de los motivos para la separación -que acabará en divorcio o incluso nulidad- que puede alegar la Infanta Elena para defenderse de las argumentaciones de Jaime de Marichalar.

Cuenta Eugenia Viñes en la revista Época que la Infanta Elena quiere hacer desaparecer su matrimonio, por completo. Fuentes familiares perfectamente reconocidas por ÉPOCA afirman que el motivo que pretende alegar Doña Elena es que desconocía, en el momento de formalizar el compromiso con Jaime de Marichalar y de contraer matrimonio, que quien es todavía su esposo consumía cocaína de forma ocasional.

Consultadas por ÉPOCA, fuentes oficiales de la Casa Real dicen que “no se ha iniciado ninguna acción legal ni eclesiástica” por el divorcio de la pareja. Y añaden que “es todo un rumor, sobre el que se hace lo que no debería ser Periodismo”.

El motivo alegado por la Infanta es idóneo en cuanto que constituye un vicio en el vínculo natural del matrimonio. Pero Jaime de Marichalar no acepta este desconocimiento del consumo habitual de cocaína ni el consumo mismo como causa de la nulidad. Al parecer, ha aportado una prueba notarial que desmiente este hecho.

Por su parte, el Tribunal Eclesiástico de Madrid no tiene ninguna información ni solicitud de nulidad. Pero también es cierto que, llegado el caso, el encargado de tramitarla pudiera ser el Tribunal de la Rota.

La separación de los cónyuges se complica día a día. Las fuentes con las que se ha puesto en contacto ÉPOCA confirman que Doña Elena no cumple con los horarios de visita permitidos a Jaime de Marichalar. Apuntan que ahora dice que “no se fía” del padre. Además, la Infanta viaja a menudo a Barcelona con sus hijos, sin el conocimiento ni consentimiento de Marichalar.

Los despachos de Concha Sierra, abogada matrimonialista contratada por Jaime de Marichalar, y el de Uría y Menéndez, contratado por la Infanta Elena, guardan férreo silencio sobre las condiciones del divorcio. Lo que sí trasciende son las pretensiones del consorte.

Dicen que el Rey Juan Carlos I está convencido de que su hija lo tiene crudo. Aún no se habla de pretensiones económicas por parte del yerno del Rey. Lo que sí es indiscutible es que no quiere perder su estatus.

Jaime de Marichalar quería volver a París. Al parecer, Su Majestad el Rey es quien ha conseguido que Credit Suisse, banco para el que ya trabajó, vuelva a admitir al consorte de la Infanta en su central de la capital francesa.

En esta gestión, también ha sido de gran ayuda un amigo íntimo de Marichalar; un hombre de larga trayectoria en la banca internacional, y que ha utilizado su excelente reputación para avalarle en la vuelta a Credit Suisse. Es el principio del fin anunciado hace casi ya dos años, con aquel cese temporal de la convivencia.

La custodia de sus hijos, Felipe Juan Froilán y Victoria Federica, quinto y sexta respectivamente en la línea de sucesión a la Corona, sigue siendo un interrogante. En la petición de la custodia compartida, el entorno de Marichalar observa una contradicción, aunque no se comenta más al respecto.

Nuevo consejero de Cartier

Jaime de Marichalar acaba de ser nombrado consejero de Cartier. Y, contra todo pronóstico, no parece que vaya a perder su asiento en otros consejos. Con su abogada, Concha Sierra, comparte cargo de consejero en la empresa de Cementos Portland Valderrivas, una de las empresas de Esther Koplowitz.

Al parecer, el nombramiento fue en señal de gratitud por una gestión empresarial que Marichalar hizo amistosamente por ella. Lo mismo sucedió con su abogada Concha Sierra, designada también consejera después de que defendiera con éxito los intereses de Esther en su divorcio de Alberto Alcocer.

Un asiento de consejero de estas grandes empresas se paga a un mínimo de 12.000 euros almes. Y Marichalar ocupa y ha ocupado muchos. Uno en Loewe, una de las firmas del consorcio de Louis Vuitton Moët Hennessy; y otro, en el mismo consorcio en la delegación de Madrid, desde donde controla marcas de ropa de lujo como Vuitton, Dior, Christian Lacroix, Fendi, Donna Karan, Marc Jacobs… Ya lo dicen en Louis Vuitton: Marichalar “sabe mucho del mundo del lujo, de la moda, tiene intuición y olfato”. Jaime de Marichalar también está presente como consejero en la Sociedad General Inmobiliaria de España, en Axa Mediterranean Holding, en Credit Suisse España…

Al tiempo, aunque parece que sin cobrar, se sienta en la Fundación Winterthur. En Madrid, conserva tres plantas de un edificio en la céntrica calle de Ortega y Gasset, incluyendo el ático y cinco plazas de garaje, grabadas con una hipoteca de 3.100.000 euros. Eso sí, a 30 años.

La guerra de los Rose en versión Casa Real, con petición de apoyo para no perder su estatus, imperiosa necesidad de discreción y custodia de componentes de la Familia Real, no ha hecho más que empezar.

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