Impactantes declaraciones de la viuda de Luis Conde sobre ZP y el Rey

(PD).- «No les guardo rencor, la verdad. Lo único que les deseo es que pasen un poquito, sólo un poquito, por lo que estoy pasando yo ahora». Es el mensaje que la viuda de Luis Conde de la Cruz envía a los asesinos de su marido. Por su culpa se ha quedado sin compañero de viaje, de compra… «Me ha partido la vida por la mitad. Yo iba con mi marido a todos los lados», se lamenta.

Con una extraordinaria entereza, Lourdes Rodao reconstruye en una entrevista en ABC lo que pasó aquella trágica madrugada del lunes, sólo unas horas después de haber estado paseando por la playa de Laredo con su marido.

«Era la una menos cinco o así. Estábamos en la cama, dormidos. De repente llamaron a la puerta y nos dijeron que saliéramos al patio, que había una amenaza de bomba. Nos vestimos como pudimos y salimos de la habitación corriendo. Yo salí con la parte de arriba del pijama, con unas chanclas, en fin, como pudimos. Y mi marido iba delante de mí. Recuerdo que le dije que saliéramos al patio, pero me contestó que allí no había nadie y que se trataba de salir de allí como fuera», recuerda, según recoge El Semanal Digital.

«Abrió la puerta, salió y ocurrió todo. Fue un estallido tan grande, tan grande… el ruido, el fogonazo… Me tapé los ojos con el brazo y agaché la cabeza porque empezaron a caer cascotes y cristales. Luego pude verlo. Estaba tirado en el suelo. Le tomé el pulso y comprobé que tenía un hilito de vida. En seguida me desalojaron de allí».

Se queja de que no pudo acompañar a su marido en la ambulancia, así que tuvo que estar dos horas «deambulando» por el pueblo hasta que a las tres un subteniente le dijo lo que había pasado y que llamara a su familia. «Llamé a Segovia, al hermano de mi marido, y le dije que se trajera a Iván, mi hijo. No les dije que estaba muerto, sino que estaba muy mal, que había sufrido un atentado terrorista».

Mientras se aferra a la cruz que le regaló Juan prosigue su relato: «El reloj se me había parado para siempre. Pero sí fui consciente de que me había salvado la vida, de que él había muerto por haber salido primero. Si la que sale primero llego a ser yo, habría volado. Y es raro, porque siempre íbamos agarrados a todos los sitios. Lo normal es que hubiéramos muerto los dos».

Lourdes Rodao se queja de la «descoordinación» que hubo durante el desalojo. «Si nos hubiéramos quedado en la habitación, como hizo mucha gente, no nos hubiera pasado nada. La descoordinación fue absoluta», lamenta.

Asegura que el Rey no la llamó para interesarse (no fue al funeral ni nadie de la Familia Real), pero sí el presidente del Gobierno y la ministra de Defensa. «Carme Chacón, chapeau. Por la mañana me bajé a la playa a despedirme de mi marido. Allí me avisaron de que había llegado la ministra. Carme me cogió las manos, me besó… Me llegó al alma. Ayer, precisamente, me llamó a casa. Y tengo su teléfono personal por si quiero hablar con ella. Lo único que le pido es que mi hijo se quede en Segovia destinado», señala.

De José Luis Rodríguez Zapatero afirma que al darle el pésame estuvo «más frío, más distante. No me llenó». Pero en cambio todas son buenas palabras hacia el presidente del Congreso y el ministro del Interior. «Bono estuvo encantador, igual que Rubalcaba. A Bono le dije que era el favorito de mi marido. Se puso tan orgulloso».

Después de que ETA le arrebatara a su marido sólo le queda un consuelo: «Murió en la playa, estaba feliz porque le encantaba el mar».

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