¿Es el gurú Arriola el cupable de los males de Rajoy?

¿Es el gurú Arriola el cupable de los males de Rajoy?

(PD).- Dicen las malas lenguas que si no es él quien manda en el PP, actúa como si así fuera. Aseguran las voces alarmadas que se comporta con la seguridad de un virrey, el descaro de un trilero y el cinismo de un vendedor de humo, capaz de defender una postura y su contraria con idéntica elocuencia, al albur de los vaivenes de la demoscopia.

Pedro Arriola (Sevilla, 1948) -asesor de Mariano Rajoy y marido de la ex ministra de Sanidad, Celia Villalobos–es de esos personajes que apasionan a la prensa.

Si hace ya tiempo Isabel San Sebastián -autora de la frase que arranca esta nota- lo calificaba en El Mundo de «siniestro personaje» que «no da un paso sin cobrar», este fin de semana era Eloísa Sánchez Bolinaga quien le ponñia a caer de un burro en Elsemanaldigital.

Afirma Eloísa que a Rajoy se le atribuye, como a casi todos los políticos cuando se quiere hablar bien de ellos, una enorme sabiduría para administrar los tiempos.

La política actual del gallego, que lleva la marca de su bien pagado asesor, el sociólogo Pedro Arriola, consiste en evitar los asuntos más incómodos que puedan poner en riesgo el giro centrista al que el PP se ha empeñado en cuerpo y alma desde la derrota electoral del mes de marzo.

El pilar de su discurso es la crisis y una actitud moderada para asumir el debate en todos los asuntos, a la espera del desgaste del Gobierno de Zapatero. O sea, en términos futbolísticos, para entendernos, jugar a empatar y esperar a que en un contraataque certero el punta logre meter el gol de la victoria.

Para colmo, la estrategia puesta en marcha por Ferraz de culpar a Estados Unidos, Bush y, por extensión, «a los liberales» Aznar y Rajoy de la crisis económica, junto al «cuanto peor para España, mejor para el PP» de José Blanco, cala en muchos sectores de la población, que piden a Rajoy deje de poner obstáculos y se remangue al lado del Gobierno para sacar adelante el país.

Pero además, esa táctica de resistencia pasiva sin el menor coste contra el Ejecutivo empieza a sembrar dudas en un sector del Partido Popular.

«En nuestras previsiones se han dado por seguras demasiadas cosas, como un escenario de prórroga presupuestaria a final de año», advierten los populares más descontentos.

Pues bien, todo apunta que, no sólo Zapatero, va a sacar adelante los PGE, sino que además el roto lo sufrirá el PP gracias a una abstención de UPN».

De hecho, las cosas han llegado a tanto en este sentido que Rajoy medita este fin de semana, para salvar el roto que puede hacerle la deserción de UPN -como informó El Semanal Digital-, tender la mano a Zapatero y ofrecer un pacto de Estado para que los diputados del PP apoyen las cuentas de Pedro Solbes.

Con todo, un sector del Partido Popular muestra su disgusto y no lo oculta. Últimamente tiene la sensación de que el tiempo, pese a la que está cayendo, corre en su contra, que la erosión de su adversario es demasiado lenta y su formación está estancada en el reconocimiento de los ciudadanos.

En el seno del Grupo Parlamentario Popular está calando una evidente constatación: El «no moverse para no asustar», que constituye la piedra angular de la «lluvia fina» sobre la que asienta todos sus consejos Arriola, debe ser revisado en profundidad a la hora de pulsar las tendencias sociales, porque a lo único que conduce hasta ahora es a desactivar a los nuestros y dejar el campo libre a los adversarios.

En efecto, el sociólogo de cámara del PP es un persuadido de que la mejor oposición es la que no se nota. Y sobre esa tesis ha construido una línea argumental y táctica que, en numerosas ocasiones, choca frontalmente con los principios de la formación que paga sus facturas. Pero Pedro Arriola pisa fuerte con Rajoy y su entorno.

El gurú de cabececera del PP ha sido también el encargado de preparar con el alcalde de Madrid, Alberto Ruíz-Gallardón, su última intervención en TVE, en el programa Tengo una Pregunta para Usted.

La línea oficial de Génova opta por el fair play y huye del discurso agresivo que moviliza a la izquierda.

Así, quienes insisten abiertamente en abogar por una política enérgica son catalogados como «aguirristas» con ganas de enredar o, peor aún en estos nuevos tiempos, como»aznaristas».

En el seno del mayor partido de la oposición que en democracia haya habido en España, comienza a percibirse que la fruta empieza a estar madura para su recolecta y, sin embargo, el PP, pese a haber cambiado las caras y el tono de su oposición, no recoge el descontento que provoca el PSOE.

El nuevo Rajoy, al menos de momento, no logra romper la racha de Zapatero.

VÍA EL SEMANAL DIGITAL

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