Pepiño Blanco: «Ni insulto ni me amilano»

(PD).- Es su sueño. Pepiño Blanco le ha acusado a Mariano Rajoy de todo tipo de tropelías. Pero el líder del PP ha preferido durante tiempo pasar de las descalificaciones del número dos de Ferraz. En esta ocasión, ha sido la cohorte del líder del PP el que ha pedido a Blanco que cese en los insultos. «Ni insulto ni me amilano», ha repondido el vicesecretario general del PSOE.

«Hay gente en la derecha que siempre actúa igual. Lanzan la piedra y no sólo esconden la mano, sino que fingen ser los agredidos. Se asemejan a los malos jugadores de fútbol, los que conocemos popularmente como marrulleros: como no saben jugar limpio (aunque fuera con noble dureza), cuando pierden el control de la pelota utilizan las malas artes tirándose al suelo fingiendo que han sido agredidos e intentando provocar lástima e indignación en el público y una sanción del árbitro al contrario».

Y sigue en su blog Pepiño Blanco con el símil deportivo:

«Normalmente el público ve la jugada y censura el comportamiento poco deportivo y el árbitro castiga la simulación con una amonestación o con la expulsión del juego. Eso le ha sucedido ya a Rajoy en dos ocasiones. Ha sido censurado por los ciudadanos por su mal comportamiento. Primero porque utilizó torticeramente el 11-M y luego porque mintió y tergiversó los intentos para acabar con el terrorismo.

Ahora, lleva meses intentando desprestigiar nuestro sistema financiero, nuestras empresas, la actuación del Gobierno. Ha estado jugando con fuego. Pero ha visto, una vez más, que todo el mundo le ha afeado su comportamiento y que se ha quedado descolgado de los esfuerzos de todos para combatir la crisis. Todos colaborando y él mirando desde el otro lado de la acera e intentando desmoralizar a los que trabajan.

Cuando he pedido al PP que dejara de poner en duda el valor de nuestros empresarios y trabajadores y arrimara el hombro, no para apoyar al Gobierno sino para apoyar a España, sólo he recibido insultos por parte de sus dirigentes y de sus palmeros. Al dejar en evidencia sus comportamientos y mostrar la verdadera cara de sus acciones no responden negando o demostrando que mi apreciación no es acertada. Sólo emplean el insulto. Y lo hacen siempre con la prepotencia del que se cree superior y, por ello, te mira por encima del hombro».

Y concluye:

«Eso ha hecho McCain en el último debate al referirse a Obama como “ese” (that one) una fórmula despectiva para dirigirse a alguien. En España a algunos dirigentes del PP, por ejemplo, les gusta recurrir al uso despectivo de mi nombre pensando que me hieren. No lo consiguen porque no ofende quien quiere sino quien puede. Nadie me llama así salvo ellos. Pero deben saber que provoca el efecto contrario entre los que, con independencia de sus ideas políticas, saben que utilizan el gallego y el diminutivo con el desprecio que siempre lo han hecho los señoritos en el casino provinciano. Siguen siendo ellos. Pero yo voy a seguir defendiendo firmemente mis ideas y criticando lo que me parezca mal con los argumentos que yo creo adecuados. Sin imitarles en el insulto. Y, por supuesto, tampoco me voy a amilanar. Al contrario, me animan más a denunciar con más fuerza a esa derecha rancia, indolente y trasnochada, que, en el fondo, ni ha creído nunca ni cree en España. Este país por el que trabajamos todos, desde las distintas posiciones ideológicas, pero también desde el respeto mutuo que algunos ignoran».

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