¿Y si Obama pide a ZP que regresen las tropas españolas a Iraq?

(PD).- ¿Estaría dispuesto ZP a regresar a Irak si se lo pidiese Obama? La hipótesis es improbable, aunque no inverosímil, porque el presidente electo de los Estados Unidos ha prometido retirar lentamente sus tropas del territorio iraquí, pero constituye un punto de reflexión a partir del cual España tendrá que plantearse el inmediato futuro de su colaboración militar en los focos bélicos de Oriente.

Escribe Ignacio Camacho en ABC que Obama ha expresado de forma reiterada sus prioridades: un repliegue parcial, ordenado, cauteloso y seguro en Irak -es decir, todo lo contrario que el nuestro- y un despliegue simultáneo en Afganistán, para el que va a requerir el apoyo de la OTAN. Y ahí entra España.

La sonrisa, el saludo y la deferencia del futuro inquilino de la Casa Blanca hacia Zapatero van a tener un precio, una contrapartida inmediata.

El Pentágono pedirá a Europa ayuda para sus planes afganos, porque Obama quiere dejar claro cuanto antes que su oposición a Irak no significa desinterés ni renuncia a combatir al terrorismo islámico, y pretende avanzar más que Bush en la lucha contra Al Qaeda en sus cuarteles generales.

Le va en ello la credibilidad exterior. Y está dispuesto a embarcar en su estrategia a los aliados, lo que significa para España un emplazamiento inmediato a colaborar a cambio del deshielo político. El abrazo de Obama, la normalización con Washington, conlleva una factura de esfuerzo. Más tropas, más medios, más presencia. Quizá más vidas sacrificadas.

La cuestión se torna espinosa en días como hoy, cuando el luto embarga al Ejército tras un nuevo atentado con víctimas en Afganistán. El discurso pacifista de Zapatero se evapora ante la evidencia de una guerra recrudecida a la que ya no va a poder ofrecer reparos eufemísticos.

Estados Unidos no duda en admitir que tiene dos guerras abiertas; quiere cerrar una, o reducir su escala, y ampliar la otra. Y nos va a pedir que estemos en ella sin casuismos ni cortapisas. A ver cómo se las apaña nuestro presidente para disfrazar de misión de paz lo que a todas luces va a ser para Norteamérica la contienda decisiva.

Naturalmente, habrá que ir. Como había que ir desde un principio, más allá de que las relaciones entre España y su principal aliado se hubiesen enrarecido por los prejuicios sectarios del jefe del Gobierno.

ZP debe ir preparando un discurso nuevo, en el que no van a valer las ambigüedades de las misiones de «pazzzzzzzz» y las alianzas de civilizaciones.

Y va a quedar en evidencia toda la falaz artificiosidad de la retórica zapaterista, que por desgracia ya desmienten las frecuentes bajas de nuestros efectivos en el extranjero, cuyo sacrificio ha llegado a ser rebajado en el regateo de los distintivos de algunas medallas póstumas.

Claro que ahora al presidente, experto en giros y autorrectificaciones, quizá no le importe despojarse de la careta con que disfrazó durante la era Bush su ofuscación partidista.

Habrá que ver la solemnidad con que nos trata de convencer de la falta que hacen nuestras tropas en las montañas remotas y los desiertos lejanos donde se decide -ahora como antes, exactamente igual- la seguridad del mundo.

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