Los dipuvagos del Congreso español

Los dipuvagos del Congreso español

(PD).- Que la hay diputados que son dignos representantes del pueblo español y trabajan con dedicación y seriedad nadie lo duda. Que una parte de ellos, en el Congreso y en los Parlamentos regionales se dedica a disfrutar de la vida, resulta evidente.

Como subraya Luis María Anson en El Imparcial, la opinión pública brama cuando recibe información de las jubilaciones, prebendas, gratis total, guarderías, gimnasios, estacionamientos y otras mamandurrias que los diputados se han otorgado a sí mismos.

Brama aún más cuando contempla el nuevo edificio del Senado o la mancha de aceite del Congreso de los Diputados que se extiende sin cesar con reformas, edificios nuevos, ocupación del Banco Exterior.

La voracidad de los diputados, que disparan con pólvora del rey, es insaciable. Todo les parece poco para sacrificarse por la patria.

En plena crisis, no regatean un solo gasto que les beneficie.

Y luego, en lugar de trabajar, abarrotan el hemiciclo de escaños vacíos. Da vergüenza el espectáculo diario de la desatención de los diputados a lo que se debate, en nombre del pueblo español, en la Cámara. Cualquier excusa es buena para no asistir. Unos minutos para votar y vale.

Habría que publicar todos los días una lista de los diputados ausentes, del tiempo que cada uno dedica a ocupar su escaño y asistir a los debates.

Una parte no desdeñable de los representantes del pueblo español son especialistas en hacer novillos. Y nadie les llama la atención.

El casticismo del pueblo de Madrid les ha bautizado ya. Los madrileños no les llaman diputados sino dipuvagos.

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