Los terroristas de ETA probaron un misil antiaéreo para derribar aviones

(PD).- Las autoridades francesas han llegado a la conclusión de que ETA ha realizado ejercicios con misiles antiaéreos a través del análisis de documentación técnica intervenida al aparato logístico.

En poder de Iñigo Elizegi, ‘Ioritz’, especialista en electrónica juzgado estos días en París, se encontró en 2004 un informe explicativo de los fallos registrados en la prueba de una de estas armas tierra-aire. La Fiscalía solicitó ayer una condena de 20 años en su contra, la más alta en una petición que suma 128 años para los diez presos encausados ante el Tribunal Especial de lo Criminal.

Explica Fernando Iturribarría en El Correo que en el disco duro del ordenador portátil de marca ‘Lisonic’ que utilizaba Elizegi en su laboratorio de Chatellerault, se descubrió un escrito interno en el que se le pedían explicaciones sobre el disfuncionamiento de un misil y la solución del problema.

El ingeniero etarra respondía a las interrogantes de sus compañeros con una serie de hipótesis sobre el origen de los fallos detectados.

El documento fue sometido al dictamen pericial de un experto francés en armamento y explosivos. Estableció que a Elizegi le habían hecho llegar los pedazos de un misil antiaéreo para que explicara qué elementos no habían funcionado.

La conclusión del perito fue que el contratiempo se produjo en el sistema EPR (siglas de Ensemble Pile Refroidisseur), un dispositivo refrigerador del que depende la alimentación eléctrica del conjunto.

A los servicios antiterroristas franceses no les ha sorprendido descubrir la primera prueba documental de un ejercicio práctico de ETA con un misil, del que se desconoce la fecha y el lugar.

En estos medios se recuerda que en octubre de 2004 se encontraron dos misiles tierra-aire de fabricación rusa en sendos escondites subterráneos de Urrugne y Briscous (País Vasco francés).

Años atrás, en noviembre de 1986, dos misiles soviéticos fueron el señuelo de los servicios secretos para localizar, con ayuda de la CIA, el zulo de Sokoa.

En su informe de conclusiones definitivas, el fiscal Christophe Teissier presentó a Elizegi como «uno de los ingenieros más capacitados» de ETA, «capaz de examinar los restos de un misil, lo que quiere decir que probaron uno y le enviaron los trozos».

Destacó que en su taller había 32.000 componentes electrónicos con los que se podían ensamblar «271 dispositivos de iniciación de artefactos explosivos, otras tantas posibilidades de cometer un atentado y causar víctimas en España».

El representante del Ministerio Público también pidió 20 años de prisión para Iñaki Esparza, ‘Ana’, y Lorentxa Guimón, ‘Ttuttu’, por codirigir en una entidad bicéfala el aparato logístico. Para Kandido Sagarzazu, ‘Arrano’, y Jon Mikel Illarramendi, ‘Txitxa’, solicitó 14 y 12 años, respectivamente, bajo la acusación de formar una célula denominada ‘Los Dalton’ encargada del suministro, transporte y pruebas de material.

Dos tercios de condena
Las penas reclamadas para José Luis Campo, ‘Atila’, e Inocente Soria, ‘Mandrake’, fueron de once y diez años por encargarse de adquirir la materia prima del taller electrónico de Elizegi.

Por último pidió siete años para Igor Letona, ‘Iakots’, Mikel Uzkudun e Ismael Berasategi, ‘Juantxo’, por ejercer de ayudantes de Esparza en la jefatura logística en distintos momentos de su mandato (septiembre de 2001 a abril de 2004).

El fiscal planteó para todos ellos el cumplimiento íntegro de los dos tercios de las condenas como mínimo. También se pronunció por su destierro definitivo del país, salvo en el caso de Guimón por tener ciudadanía francesa.

Contra Claude Recart, el único de los once procesados que comparece en libertad, solicitó cinco años, dos más de los transcurridos en prisión preventiva.

En una intervención de tres horas, Teissier llamó la atención del Tribunal Especial de lo Criminal sobre la importancia del aparato logístico en la operatividad de ETA. Destacó que sus misiones esenciales son «garantizar la seguridad de los activistas que se encuentran en territorio francés» y «facilitar el trabajo de los comandos», todo ello con el objetivo final de «expandir el terror en España desde Francia».

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