¡Consumid, consumid, malditos!

¡Consumid, consumid, malditos!

(PD).- La verdad a este país siempre nos llega, lógicamente, a través de la cadena de radio más sectaria de Europa occidental, que es la que dictamina lo que ocurre y lo que no, lo bueno y lo malo, cuándo son pacifistas los terroristas y cuando son terroristas los discrepantes y fascista la oposición.

Escribe Hermann Tertsch en ABC que acuden allá con regularidad el presidente del Gobierno y el jefe de la llamada oposición con la única diferencia de que el primero muestra mucha menos docilidad en sus respuestas.

Y por supuesto es mucho mejor tratado. Ayer le tocaba ir al Gran Timonel a explicarnos la vida y el mundo. Tres días después de que su genio económico, el Buda Indolente anunciara con solemnidad y mucha conmiseración hacia los engañados que todo lo dicho antes por él, su jefe y sus gregarios era mentira.

Ahora reconocen que han estado dos años mintiendo como bellacos a españoles ilusos que no sólo les votaron sino tomaron decisiones personales, basadas en esta confianza en los gobernantes, que van a condicionar su estabilidad emocional, sus ingresos, sus deudas, su bienestar, su crédito y su salud. En definitiva, el futuro propio y de sus hijos.

Solbes, ese triste funcionario virtuoso en la impostura que sólo en este país podía ser sobrevalorado, nos dijo el viernes que nos olvidemos de todo lo dicho antes porque era poco menos que broma.

Y el domingo nos amplió algo su sinceridad, tan falsa como sus mentiras, para avisarnos de que el Gobierno poco puede hacer ya para evitarnos el lodazal.

Con este cambio de registro nos quieren preparar para las nuevas medidas que habrán de tomar para financiar su propia supervivencia.

Más allá del endeudamiento de generaciones, acabarán en el expolio fiscal. Son una pareja, el Gran Timonel y el Buda Indolente, que en el Hollywood de preguerra habrían sido iconos del humor negro y cruel. Juntos nos sumergen en los tiempos de mayor inseguridad, zozobra y pobreza que habrán de sufrir los españoles en medio siglo.

Eso sí, nos piden que lo hagamos sin acritud y con esperanza. ¡Consumid, malditos!, nos venía a ordenar ayer desde las ondas nuestro líder supremo. Le irrita que los españoles no le hagan mucho caso. Como le irrita que los bancos no arriesguen el patrimonio de sus accionistas para mayor gloria de la Zeja y su secta.

Pero nuestros héroes no saben decir la verdad ni cuando se lo proponen. Horas después, Joaquín Almunia, comisario en Bruselas, a cuyas apariciones públicas en Madrid no acuden los ministros para no soportar disgustos, nos ha anunciado horas después que la situación es mucho peor.

España, dice, estará el año próximo con el 19 por ciento de su población laboral en paro. Horas después se rebajaba a España la calificación crediticia. Después han salido los gregarios a descalificar a las agencias de valoración crediticia y a la propia Comisión Europea.

Y a azuzar a las víctimas de este inmenso drama contra quienes lo anunciaron y denuncian hoy. La culpa es de la oposición. Y a este paso, la oposición, como en su día Bujarin en Moscú, acabará reconociéndolo.

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