Aznar, la obsesión de Garzón

(PD).- Cuenta el entorno más cercano de Aznar que el ex presidente está «al cien por cien tranquilo» porque sabe que su gestión al frente del Partido Popular fue transparente, pese a que algunos medios vinculen el Caso Gürtel con el aznarismo. Algo que no le ha sentado nada bien ni a él ni a su mujer, Ana Botella, que aprovechó la reunión del Comité Ejecutivo Nacional del pasado miércoles para pedir a Mariano Rajoy que defienda la etapa de Aznar con la misma contundencia que la actual.

Que Garzón no simpatiza con los postulados del Partido Popular es público y notorio. Basta con leer los argumentos que los populares recogen en el escrito que presentaron el jueves en el Juzgado número 5 de la Audiencia Nacional para darse cuenta. Pero también lo es que no pocos en el PP están convencidos de que el juez tiene algo personal contra el ex presidente. «Se la tiene jurada», se escucha estos días por los pasillos de Génova 13, según informa El Semanal Digital.

La relación entre Garzón y Aznar nunca fue buena. Cabe recordar, como recoge el libro Juez o parte del periodista José Díaz Herrera (una biografía no autorizada), que cuando el juez presentó su candidatura para el Nobel de la Paz el presidente se negó a apoyarle en una entrevista en la radio. Entonces clamó venganza, y encontró la ocasión perfecta con la guerra de Irak como escenario. En 2003, el juez se destacó por su encendida oposición a la contienda, participó en varias manifestaciones de protesta y escribió dos artículos al entonces presidente del Gobierno en El País quejándose por su actitud.

Cartas abiertas en las que decía cosas como éstas: «Apostato de quienes dirigen un Estado que no es capaz de contener una locura como la que estamos viviendo; de un Gobierno que, entre surcos de negro vertido, y con una tendencia al reino de la seguridad a secas (…), es incapaz de alzar la voz, que sin duda encontraría eco, para oponerse a la bota militar que amenaza con pisotearnos y destruirnos como pueblo y como sociedad de valores de pronta democracia y reciente libertad» (publicada el 27 de enero de 2003); o «ustedes deben decidir en qué bando juegan, si en el de la legalidad internacional y nacional, pero la real, no la del marketing, ni la fatua, ni la de las palabras huecas, o en el bando de la falsedad y del interés oculto de unos pocos que pretenden sobornar nuestras conciencias ofreciéndonos las riquezas de las minas del Rey Salomón» (publicada el 4 de marzo de 2003).

Esos pronunciamientos -y en especial ese último artículo, titulado Señor presidente- le valieron a Garzón la apertura de dos expedientes en el Consejo General del Poder Judicial. Se libró de ambos, pero el daño estaba hecho. Y, desafiante, volvió a la carga en las páginas de El País el 28 de febrero de 2004 con Tiempo de canallas.

«Bueno sería que algunos de nuestros políticos aprendieran la diferencia entre resistencia y terrorismo; entre acciones contra un ejército invasor sin cobertura legal y atentados terroristas, y también que dejaran de jugar no sólo con las palabras, sino también con la buena voluntad de milllones de personas que estuvimos en contra de la guerra».

Así que Aznar se tomó la revancha cuando tuvo ocasión. En 2004, cuando el juez más mediático de España se postuló para presidir la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, el Consejo General del Poder Judicial (entonces de mayoría conservadora) le impidió lograr su objetivo y se decantó por Javier Gómez Bermúdez para el puesto. Los jueces propuestos por el PSOE denunciaron que en la votación había pesado la guerra de Irak.

A Garzón, que nunca da una batalla por perdida y del que dicen quienes le conocen que provocarle es meterse en la boca del lobo, no se le olvidó aquello. Y el 20 de marzo de 2007, de nuevo vía El País, comenzó su cruzada para intentar sentar a Aznar ante el Tribunal Penal Internacional de la Haya por la guerra de Irak. «Debería profundizarse sobre la eventual responsabilidad penal de quienes son o fueron responsables de esta guerra y si existen indicios bastantes para exigirles dicha responsabilidad (…). Seiscientos cincuenta mil muertos son un argumento suficiente para que esa investigación o indagación se aborde sin más dilación», sugería en un artículo titulado Aniversario.

Los socialistas jalearon su propuesta, aunque eso no fue suficiente para que el juez culminara su venganza personal. Pero Garzón no olvida.

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