La Xunta consideró «improcedente» la compra de una silla para un niño con parálisis cerebral

(PD) A Pablo, recién nacido, un virus le provocó una parálisis cerebral que iba a dejarlo atado a una silla de ruedas para siempre. Pero Pablo, valiente, va a la escuela, aunque carece allí de una silla adaptada a sus necesidades. ¿Por qué razón? Nos lo contaba La Voz de Galicia: porque la compra de la silla, que cuesta en torno a 2.000 euros, fue considerada improcedente por la Xunta. ¿Y sí hay para las 19 sillas de más de ese precio cada una para los Conselleiros de Touriño? El responsable de Asuntos Sociales es Anxo Quintana, que conste.

Es Roberto Blanco Valdés, en La Voz de Galicia, el que pone el dedo en la llaga. «La noticia, en sí misma, incluso sin ponerla en relación con la que muchos de ustedes imaginan, resulta vergonzosa. Y ello porque si hay un grupo de desigualdades para cuya superación no debería la Administración escatimar ni un solo esfuerzo -habiendo como hay recursos para tantas cosas estúpidas e inútiles- esas son, sin duda alguna, las derivadas de la discapacidad física o mental«.

«¿Cómo evitar que la ciudadanía relacione, en tal contexto, el hecho increíble de que un Gobierno niegue una silla especial para estar en el cole a un niño que la necesita de verdad con la pasmosa decisión de ese mismo Gobierno de encargar, poco después, y en plena crisis económica, sillones para sus miembros a razón de más de 2.000 euros cada uno?»

Y no sólo. Touriño ha despilfarrado 3,9 millones de euros en el acondicionamiento de tres salas de juntas para los Consellos de la Xunta en las dependencias administrativas de San Caetano. Además, según desveló ABC, «Touriño acristala por 170.212 euros una sala que usa una vez por semana». «Tiene un mando que oscurece el cristal para evitar el paso de la luz en los escasos 54 días despejados que se registran anualmente en Santiago». Además, Touriño se ha agenciado un coche más caro que el del mismísimo Obama.

Concluye Blanco Valdés:

«Es probable que el presidente de la Xunta considere que poner en relación las dos noticias y denunciar la vergüenza que a muchos nos provocan sea otra forma de echar basura en la precampaña electoral. Es probable, aunque resulta curioso ver qué pronto cambian de criterio los políticos, pues cuando era Touriño quien hacía las denuncias estaba convencido de prestar un gran servicio a su país. Lo cierto es, en todo caso, que esas denuncias, que sirvieron en su momento para corregir los abusos del fraguismo, han valido ahora, por ejemplo, para que la Xunta le pague lo debido a la dependiente de cien años cuyo hijo acusó a Touriño y a Quintana. ¡Ojalá sirvan también para que a Pablo le den al fin la silla que precisa!»

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