Desfachatez, desahogo, cinismo, descaro, desvergüenza, frescura…

Desfachatez, desahogo, cinismo, descaro, desvergüenza, frescura...

(PD).- Cualidad o comportamiento del que obra sin preocuparse de si lo que hace es lícito o no». Es la definición del Diccionario de Uso del Español del María Moliner que, además, aporta los siguientes sinónimos: «desahogo, cinismo, descaro, desvergüenza, frescura». Vivimos tiempos de desfachatez tal como queda definido por María Moliner.

Desfachatez del dimitido ministro de Justicia que, cuando menos, ha sido un «desahogado», que usó y abusó de su cargo en su propio beneficio y que, para colmo, respondía a quienes representan a más de diez millones y medio de votantes, como si fueran clientes ocasionales e indeseados de la «taberna» que el señor Bermejo considera suya y de sus «amiguetes».

Y escribe Javier González Ferrari en La Razón que ahí ha estado amparado por un presidente del Gobierno que le ha obligado a irse para recuperar imagen a la vista de los sondeos electorales y que de forma, al menos «descarada» según la misma docta definición, les dice a sus adversarios políticos, a los que él considera enemigos en el sentido literal del término, que no «tolerará presiones a los jueces, fiscales y policías».

Justo los integrantes de la «cena cinegética» junto a Bermejo. El presidente, que cambió deprisa y corriendo su agenda para estar en más mítines en Galicia de los que en un principio tenía previsto, le está empezando a ver «las orejas al lobo».

Por eso, en menos de una semana, el ministro dimisionario ha pasado de «torero, torero» que le gritaban sus compañeros de escaño, a ser «descabellado».

Zapatero necesita que Touriño, otro interesante «desahogado» con el dinero del contribuyente, siga en la Presidencia de la Xunta a las órdenes del vicepresidente Quintana, el «mitinero» por sorpresa.

«Somos mayores, pero no somos tontos» decía una de las jubiladas que salieron de Vigo camino de Portugal, a Valença do Miño a comprar toallas como hemos hecho todos alguna vez en nuestra vida, y se encontraron en Olla (ahórrense el «premio») donde el «sonrosado» Quintana les pidió el voto «a traición».

Parafraseando al alcalde de Getafe, socialista, presidente de los Ayuntamientos, y a la espera de que se sustancie una querella contra él, «es increíble que todavía haya tanto tonto de los cojones que vote por la desfachatez».

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