Solbes: mártir de boquilla

Solbes: mártir de boquilla

(PD).- Le faltaron reflejos a Zapatero después de lo que le dijo Solbes al director de ABC, eso de que envidiaba a Bermejo porque ya era ex ministro. Un gobernante más despierto o menos autocomplaciente le habría enviado esa tarde al vicepresidente económico un motorista con el cese y una carta de agradecimiento por servicios prestados, y ayer por la mañana habrían tomado posesión dos ministros en vez de uno.

Y según escribe Ignacio Camacho en ABC, «por el mismo precio, que dijo González, aunque al final decidiese retirar su propia cabeza del lote».

Pero al presidente se le fue viva la oportunidad y ahora todo el mundo sabe, si es que quedaba alguien por saberlo, que la economía de la crisis está en manos de un señor muy cansino que además se siente profundamente agotado y suspira porque le den la boleta. Con la de gente que hay dispuesta a sustituirlo.

Como todo el que tiene el poder, ZP detesta que le marquen los tiempos. Solbes está cesado virtualmente, pero el presidente quiere elegir el momento, y desea que su actual ministro se coma un poco más el marrón del desempleo y las quiebras, que se acabe de achicharrar en el fuego más crudo de la recesión. Sabe que quedan meses de despidos, cierres y suspensiones de pagos en cadena, y pretende hacer los cambios cuando atisbe un claro en la tormenta.

A Bermejo lo ha tenido que echar bajo la presión de los resultados electorales del domingo, amenazados por el escándalo de la escopeta nacional, pero a esos efectos Solbes está amortizado. En realidad, hay más de medio Gobierno quemado, pero el presidente prefiere no tocar los fusibles, no vaya a ser que la gente se pregunte si el problema no estará más arriba.

Claro que si al responsable de la economía del país le pesan mucho la carga o sus años, tiene un alivio más fácil y más digno que el de ir resoplando su hastío por las esquinas: coger la puerta y dejar sitio a otro con más ganas o mayor frescura. Tan sencillo. La pose de que se está sacrificando por el Estado no cuela; él sabe mejor que nadie lo pronto que se conceden ahora las prejubilaciones. Y que se sepa, no está en la vicepresidencia obligado por la Guardia Civil.

Esto de hacerse el mártir de boquilla en una poltrona se parece bastante a una falta de respeto. No sólo porque ofende a los ciudadanos que zozobran en sus empleos, en parte por culpa de la ineptitud política de quien debe velar por ellos, sino porque la grave amenaza social que vivimos requiere el compromiso de personas dispuestas a luchar con toda su energía.

Que Solbes la ha perdido -¿la tuvo alguna vez?- resulta evidente; lo que de ninguna manera puede hacer es confesarlo con tan poco disimulo. Que se vaya de una vez: igual Bermejo, que dice estar tan aliviado, le invita a matar el aburrimiento en una cacería. Con papeles, si es posible.

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