¿Cambio o alternancia en el País Vasco?

¿Cambio o alternancia en el País Vasco?

(PD).- Por mucho que se lo pida el cuerpo, ni Zapatero ni Patxi López van a poder pactar con el PNV a corto plazo. Y ello por dos razones. La primera, y no menor, porque el propio PNV no está dispuesto a arruinar su liderazgo social en el País Vasco a cambio de un puñado de consejerías y sabe que sus posibilidades de recuperar un poder que considera su patrimonio pasan por escenificar que se lo han usurpado.

Subraya Ignacio Camacho en ABC que los nacionalistas, que al fin y al cabo han ganado las elecciones, necesitan presentarse ahora como víctimas de una conspiración sucursalista «española», y no pueden entregar «motu proprio» la cabeza de Ibarretxe sin que antes fracase en la investidura.

Para jubilar al doctor Spock esperarán a que sea teletransportado a la oposición, y de paso rentabilizarán su derrota como una agresión antivasca.

La segunda razón es aún más poderosa porque afecta a los intereses de Zapatero. Si después de haberse hartado de vender el cambio se envainase la promesa compartiendo el poder con el nacionalismo mediante un pacto entreguista, al presidente lo iban a correr a gorrazos por media España. Es así de sencillo.

Tiene que desalojar al PNV, no aliarse con él. La operación compromete sus apoyos en el Congreso, y para compensar tendrá que volver a coquetear con CiU, aunque se incomode Montilla.

Pero eso no le preocupa demasiado; esa clase de fintas, por aquí me asocio y por allí te engaño, forman parte del genuino estilo zapaterista.

Así las cosas, Patxi López está abocado a dejarse investir con el apoyo inevitable del PP -siempre que los socialistas consigan el escaño pendiente en Álava, porque si no van a tener que roer el hueso bien duro de Rosa Díez- y formar gobierno en solitario.

Y aquí entra en escena la teoría de «evitar el choque de trenes», que significa negarse en redondo al verdadero cambio que sería una alianza constitucionalista. Es decir, gobernar haciendo guiños al nacionalismo.

Formar un gabinete monocolor con algún arrepentido, disidente o moderado del PNV, y hacer equilibrios elásticos y convergentes desde el centro del alambre. Cuando los peneuvistas se deshagan de Ibarretxe con sus planes y sus matracas será más fácil vender un acercamiento, incluso -ojo- un nuevo Estatuto, a la opinión pública.

López y Zapatero cuentan de antemano con la ventaja de que, en todos los sondeos, el entendimiento PSE-PNV es la combinación favorita de la mayoría de la sociedad vasca. Esta fórmula de «relevo sin confrontación» augura una legislatura corta, pero es la que más gusta al presidente, que no desea abrazarse al PP, su verdadero adversario, de ninguna manera.

¿Y el cambio? Pues, bueno, habrá un cambio formal, cosmético, nominal: Ibarretxe fuera, un lendakari que se llama López, nuevos mandos en la Ertzaintza, algún gesto constitucionalista… un cambio de agujas para que no choquen los trenes, un cambio lampedusiano, suave, «amontillado», nada drástico.

Un cambio que no sea verdadero cambio, sino alternancia.

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