Nacionalistas: El Gobierno en manos de unos señores a los que no importanta España

Nacionalistas: El Gobierno en manos de unos señores a los que no importanta España

(PD).- Una vez más, como antes, como siempre, la legislatura ha vuelto a quedar en manos de los nacionalistas. El Gobierno de España depende de unos señores a los que no les importa España salvo para que avale los talones que cobran al contado.

Subraya Ignacio Camacho en ABC que nunca, desde la refundación democrática hubo menos representantes de los nacionalismos en el Congreso de los Diputados, pero sean cuantos sean de ellos depende el futuro de este Gobierno prematuramente agotado por la crisis.

El inmediato desalojo del PNV en el País Vasco deja a Zapatero sin aliados estables, al albur de unas menguadas minorías dispuestas a vender su respaldo a precios especulativos en un auténtico mercado negro. Y sin cuenta de crédito, favor a favor, gota a gota, cheque a cheque.

Lo dijo el miércoles con crudeza mercantil Joan Ridao, buen orador de Esquerra Republicana: desde ahora en el Parlamento hay una ristra de gente que lleva colgado del cuello el cartel de las viejas tabernas y comercios minoristas.

«Hoy no se fía». Si el presidente quiere llegar al menos al semestre de la presidencia europea tendrá que pagar en cash las facturas que le vayan presentando. Una a una, ley a ley, presupuesto a presupuesto. Grupos con dos o tres diputados van a decidir hasta cuándo y hasta dónde llega este mandato.

Otro catalán, Duran Lleida, expuso sin tapujos el alcance de la presión negociadora: el Gobierno se va a acostumbrar a perder votaciones. Y detrás de cada derrota encontrará un albarán con el precio de la próxima.

En estas condiciones, 2012 representa un horizonte utópico. Por muy acostumbrado que esté a la política de regateo en corto y alianzas de coyuntura, ahora llamada «geometría variable», Zapatero no podrá mantener ese precario «statu quo» más allá del otoño de 2010, al otro lado de la presidencia semestral de la UE que ahora mismo constituye su objetivo más inmediato.

El PP no le va a dar oxígeno; antes al contrario le puede presentar, si gana las elecciones europeas de junio, una moción de censura que acelere la fatiga de los materiales de este mandato asfixiado.

El patriotismo requeriría una alianza de los dos grandes partidos nacionales para afrontar la recesión, pero eso sólo podría fraguarse a través de un programa común de reformas que el presidente no está dispuesto a pactar por razones ideológicas, y porque confía en que la ausencia de poder desgaste más a la oposición que a él mismo.

Prefiere la política de plazo corto, la finta, el trato de chalanes, los equilibrios en la cuerda floja, la compra puntual de tiempo y de voluntades.

Esto supone que España va a afrontar el año crucial de la crisis dirigida por un Gobierno exánime, a merced de la extorsión de unos grupos castigados en las urnas que están dispuestos a obtener plusvalías gigantescas de su retroceso electoral.

Iluminadas minorías soberanistas, fenicios mercenarios de la periferia y exóticos radicales tardomarxistas; menuda compañía para salir de un aprieto.

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