El sainete de Kosovo: la culpa es de ZP

El sainete de Kosovo: la culpa es de ZP

(PD).- A Carme Chacón le ha traicionado su complaciente afán de actuar según el estilo sorpresivo y mediático de su jefe, pero la idea era la que era y venía de donde venía. Fue Zapatero el que dio la orden, a espaldas de la OTAN, de Obama, de Javier Solana, de la vicepresidenta y del ministro de Exteriores, y el único error de la niña de sus ojos ha sido el de precipitar la puesta en escena y omitir el prudencial adverbio de tiempo -«pronto», «cuando sea posible», «en breve», «dentro de un año»- que ha introducido con urgente componenda diplomática Bernardino León, el hombre más sensato y brillante del «staff» de Moncloa. Un presidente siempre necesita un escudo que le proteja de su incompetencia.

«Hay órdenes que se pueden dar, pero no se pueden cumplir». Con esta cínica frase justificaba un personaje de García Márquez -el autócrata delirante de «El otoño del patriarca»- su decisión de fusilar al subordinado que acababa de obedecer una de sus desquiciadas consignas, recuerda Ignacio Camacho en ABC.

Aunque no existe comparación posible entre el presidente de un Gobierno democrático y aquel iluminado tirano caribeño imaginado por el Nobel colombiano, hay algo de esa deriva de desviación caprichosa del poder en la manera con que Zapatero ha desautorizado a su bisoña ministra de Defensa por anunciar a la brava la retirada de las tropas españolas en Kosovo.

Por eso es difícil aventurar el alcance de la repercusión del incidente kosovar sobre el papel estelar que Chacón tiene reservado en la nomenclatura del zapaterismo. Considerada la candidata mejor situada en la línea de sucesión del presidente, la ministra representa la quintaesencia del líquido estilismo monclovita.

Pacifismo buenista, feminismo de diseño, potente intuición escenográfica y delicada imaginería posmoderna. Su perfil político resulta tan semejante al de su mentor que ella misma participó de forma decisiva en el impulso de la candidatura que elevó a Zapatero al liderazgo socialista. Y este episodio de frívola unilateralidad demuestra la existencia de una interlocución directa propia del modo presidencial de ejercer el poder, cada vez más segmentado en compartimentos estancos. El Gobierno como tal no existe; los ministros apenas si son un grupo de subalternos encargados de ejecutar las evanescentes directrices diseñadas en Moncloa al arbitrio de una especie de laboratorio de ocurrencias.

El sainete de Kosovo responde a ese esquema de posmodernidad intuitiva y efectista tan grata al presidente. Necesitaba un impacto, una sacudida, una maniobra de distracción, y buscó a su mejor intérprete de confianza. Sólo el futuro podrá aclarar si el guionista ha salido satisfecho de la representación o si una prometedora carrera puede quedar arruinada por la ausencia de un adverbio.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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