Gobierno ZP: Viejos, mujeres y niños

Gobierno ZP: Viejos, mujeres y niños

(PD).- Después del varapalo sufrido por el presidente del Gobierno el pasado miércoles en el Congreso de los Diputados, cuando quedó probada la «soledad» de apoyos del PSOE en estos momentos, a Zapatero le llueven ahora las embestidas más allá del hemiciclo, dentro de su propia casa. Varios barones de su partido, a la sazón ex presidentes autonómicos, han atacado sin pudores y abiertamente la gestión del actual gabinete estatal.

El que fuera durante 24 años presidente de Extremadura ha sido, una vez más, el más contundente, demandando cambiar un «Gobierno de mujeres, viejos y niños» formado con una «economía de lujo» por otro de hombres fuertes y sólidos capaces de afrontar la crisis.

«Viejos, mujeres y niños». La frase, que suena a desalojo del Titanic, es una metafora devastado, aunque no puede ser más políticamente incorrecta; si eso lo dice uno del PP le cae encima el peso aplastante de la maquinaria de propaganda socialista.

Pero -como sentencia Ignacio Camacho en ABC– Ibarra, que nunca ha sido delicado de maneras ni aficionado a cumplidos y zarandajas, goza entre los suyos del beneficio de la legitimidad de origen y además está amortizado como dirigente, lo cual por cierto redunda en su áspera lucidez.

Lo mismo le pasa a Joaquín Leguina, que tampoco se ha quedado corto en sus críticas a la rebatiña hidráulica de las autonomías, diáspora centrífuga en la que ve nada menos que «un saqueo de España». Ufff. Con estos compañeros para qué querrá el presidente los adversarios.

El vitriolo dialéctico de la vieja guardia felipista podría sonar a despecho si no fuese porque refleja un extendido estado de opinión que excede con mucho el resentimiento de quien no se siente oído.

El agotamiento de este gabinete y su malversación del Estado son conceptos que comparte una amplia porción de la izquierda, preocupada por el momento de síncope que atraviesa el Gobierno.

Cierto es que, cuando estaban en el poder, tanto Ibarra como Leguina o el propio González no eran propensos a la autocrítica, pero la distancia aguza el sentido del discernimiento.

Uno de los grandes errores de Zapatero ha sido el de prescindir del consejo senatorial de la generación a la que ha sustituido, arrumbándola con soberbia en el desván de los trastos inservibles.

Le llaman adanismo a esta tendencia autocomplaciente que una vez Felipe definió con amarga displicencia: «éste se cree que ha inventado la política». La antigua nomenclatura del PSOE estaba liquidada para la dirigencia, pero su criterio pragmático merecía siquiera la atención de la escucha.

El presidente no ha sabido encontrarles sitio para dejarse oír, y lo hacen en los medios de comunicación o en sus blogs personales con un tono inevitable de autoestima herida por el que respira su apesadumbrada clarividencia. Viejos, mujeres y niños.

El viejo es Solbes, claro, porque a Rubalcaba lo exime expresamente de la censura el ex bellotari. Las mujeres están a la vista, sobre todo en la medida en que algunas profesionalizan su condición de tales, en algún caso la única razón de su presencia en el Gobierno.

Y los niños… ay, niñas más bien, porque es obvio que Ibarra pensaba en Bibiana Aído, y tal vez en Cristina Garmendia o Beatriz Corredor. El resumen es demoledor, de un brutalismo expresionista: un equipo liviano e indolente arrastrado como una pluma por el huracán de la recesión. Del enemigo, el consejo, dice el refrán.

A veces, empero, resulta conveniente escuchar a los amigos, que no son necesariamente los que dicen lo que uno quiere oír. Esos se llaman pelotas.

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