La filtración de los cambios en el Gabinete demuestra que a ZP ya no le salen los trucos

La filtración de los cambios en el Gabinete demuestra que a ZP ya no le salen los trucos

(PD).- Éste no es su año, decididamente. Ya no es que haya perdido la frescura, es que no le salen los trucos, a él que era un maestro de la prestidigitación política. Cuando no se le ve el cartón a sus montajes, el conejo escapa antes de tiempo de la chistera y asoma en el preciso momento en que el mago está a punto de convertir un pañuelo en una paloma. Así que en vez de asombro lo que provoca es la risa del respetable. Está en baja forma y se estropea a sí mismo los números más celebrados del repertorio.

El modo tan inoportuno en que a Zapatero le ha estallado en las manos la crisis de Gobierno -la otra, la de verdad, reventó hace tiempo- revela hasta qué punto ha extraviado el control de la situación. Tenía -escribe Ignacio Camacho en ABC- preparados los golpes de efecto para recuperar la iniciativa: primero la cumbre de Londres, luego el vis a vis con Obama en Praga y la Alianza de Civilizaciones en Estambul, y a la vuelta una fulgurante remodelación del gabinete.

Moratinos y Bernardino León se esforzaron a fondo para engrasar la gira exterior de modo que le proporcionase el máximo protagonismo posible, y el propio Obama se mostró generoso en el elogio y la palmada. Pero los fontaneros de Moncloa se dejaron algún grifo goteando antes de salir de viaje, y por allí se filtró la noticia que estropeó la apoteosis triunfal de los telediarios y se comió las portadas del Lunes Santo. El presidente debía de estar tan cabreado, tan descolocado que hasta llegó tarde a la foto de esa Alianza multicultural en la que derrocha dinero y empeño. Cinco años esperando su minuto de gloria internacional y cuando al fin le llega el instante cumbre se autoboicotea el primer plano.

Ahora ya no tiene marcha atrás; un frenazo a la restructuración convertiría el sainete en la comedia del año. La única prerrogativa que le queda es cambiar el guión y hacerles una faena, para demostrar que él es quien manda, a algunos peones que se han pasado de listos o de boquiflojos. Aun así, eso equivaldría a admitir que le han hecho el equipo, por activa o por pasiva. Y provocar un desbarajuste mayor que el actual, si ello es posible. Si quiere venganza tendrá que dejarla enfriar, hasta que él mismo esté menos caliente.

La realidad es la que es: se le ha escapado la crisis por el desagüe, se le ha velado la foto con Obama, se le ha quemado el pastel sorpresa y han quedado en entredicho su autoridad, su manejo de los tiempos y su muy ponderada habilidad escenográfica. Todo a la vez, como un forillo que se cae en plena función dejando al descubierto la tramoya. El público se lo pasaría en grande si no fuese porque en esa representación tan accidentada se trasluce, como en la de los cómicos de Hamlet, la verdadera realidad de un Estado a la deriva cuyo Gobierno vive tal situación de caos que ni siquiera es capaz de sucederse en orden a sí mismo.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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