Vicepresidente de atrezzo

Vicepresidente de atrezzo

(PD).- Manuel Chaves, que nunca ha sido un estajanovista, está desde hace una semana buscando trabajo. No empleo, que ya lo tiene, sino algo que hacer para justificar su nuevo cargo de vicepresidente fantasma.

Sin competencias, sin contenido y sin mando, la cartera ministerial que Zapatero ha utilizado para desatornillarlo de Andalucía está vacía como la cuenta corriente de un hipotecado.

Como subraya Ignacio Camacho en ABC, es una cartera de atrezzo, hueca como la mayoría de las de este Gobierno de cartón en el que sólo cuentan, si acaso, media docena de ministros.

El resto tiene rango de ministros, coche de ministros, séquito de ministros y sueldo de ministros, pero carece por completo del poder de decisión que se le supone a un ministro.

Chaves se ha ido a Madrid con Zarrías y su pequeña corte de altos cargos, como las antiguas folklóricas llevaban de gira a sus madres y sus estampitas de vírgenes, como esos futbolistas sevillanos que viajaban con su caja de cerveza Cruzcampo.

Pero en Madrid no tienen nada que hacer, ni nadie que les escuche en serio, porque la Vicepresidencia Tercera es un cargo perfectamente superfluo.

Montilla, el presidente catalán, ha puesto en evidencia esta índole accesoria al empeñarse, con pragmática crueldad, en negociar los dineros de su autonomía con Elena Salgado, que es quien custodia las llaves de la caja fuerte.

Ella está para despachar los asuntos económicos y De la Vega para los políticos. Chaves se ha quedado para pintar la mona en las tomas de posesión de sus antiguos colegas; lo único que pretendía Zapatero era sacarlo de la Junta ante la terca evidencia de que estaba dispuesto a perpetuarse en ella.

Mientras encuentra algo que hacer en la Corte, el virrey desplazado tendrá que acostumbrarse a abandonar los hábitos perezosos adquiridos en su larga hegemonía. Esta semana recibió un vapuleo por saltarse una sesión del Senado; en el Parlamento de Andalucía, que manejaba como una Cámara de la señorita Pepis, siempre tenía a mano edecanes dispuestos a eludirle el fastidioso trámite de las comparecencias.

Pero en España el PSOE no gobierna en mayoría absoluta, y en Madrid hay muchos medios de comunicación que le atizan con razón o sin ella a todo lo que se mueve porque no están controlados con un maná de subvenciones.

El hombre que hace veinte años tuvo que ser obligado por González a gobernar en su tierra siente ahora el vértigo de abandonarla.

Allí era un dios indolente en un olimpo de adulaciones; en Madrid es uno más asomado al rompeolas multitudinario del poder y tiene poco que ofrecer para hacerse respetar.

Cuando se acostumbre, quizá Zapatero ya se haya aburrido y lo amortice del todo; a este hombre tan tornadizo y caprichoso sólo le interesa realmente aquello que puede manejar como material trucado para sus juegos de sorpresas.

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