El plan secreto de Alberto Ruiz-Gallardón

El plan secreto de Alberto Ruiz-Gallardón

(PD).- La fecha, 3 de octubre, podría ser la de la última rueda de prensa de Alberto Ruiz-Gallardón como alcalde de Madrid. Un día antes se conocerá si la capital de España es la ciudad designada para acoger los Juegos Olímpicos de 2016, el gran objetivo de esta legislatura del primer edil madrileño.

Revela Antonio Martín Beaumont en El Semanal que, por ello, hasta entonces, la consigna es poner cara de mus. Aunque a quien le guste tan retador juego de cartas, más que al alcalde, sea a su «vice», Manuel Cobo.

Aún está por ver, pero lo cierto es que el fallo del Comité Olímpico Internacional, sea cual sea, en caso de confirmarse lo que está cobrando fuerza estos días entre la cúpula del PP, quedaría rápidamente superado. Imaginen los titulares: «Gallardón presenta su renuncia irrevocable como alcalde de Madrid».

De momento, fuentes solventes pregonan que «no desea ser candidato del PP a las municipales de 2011» y que «aunque Madrid consiga ser ciudad olímpica, Gallardón sabe que los Juegos, probablemente, van a tener que ser recibidos por quien más papeletas tiene para ser su sustituto, Ana Botella».

Ahora bien, que nadie crea que Alberto Ruiz-Gallardón, en caso de confirmarse lo que toma cuerpo, dejará la política dentro de seis meses. En absoluto. Dará el salto a su deseada política nacional.

Aseguran que quiere dedicarse en cuerpo y alma, junto a Mariano Rajoy, como «ticket» electoral, al objetivo de arrebatar La Moncloa a Zapatero para restituir al PP al Gobierno tras dos legislaturas de oposición.

«Quién sabe si Gallardón está llamado a recibir la Olimpiada como vicepresidente o, incluso, como presidente del Gobierno», ha señalado estos días en conversaciones en petit comité un concejal madrileño de los más fieles al alcalde.

Gallardón fue designado miembro del Comité de Dirección del partido en el Congreso de Valencia; de ahí que si se materializa finalmente su desembarco en el cuartel general de Génova el próximo octubre, con su gente, con su fiel escudero Cobo a su lado para despejar el camino de La Cibeles a Botella, no se trate de un proyecto forzado según los Estatutos del PP.

Menos todavía si así lo tuviese previsto el propio Rajoy. Más aún, la incorporación de Gallardón de pleno a tareas nacionales del partido, en estas horas decisivas, salvo por algunos sectores concretos en Madrid, sería bien vista por una mayoría de los populares. Incluso los ámbitos más críticos con el alcalde reconocen que, pese a todo, «da votos fuera de los caladeros habituales y ahora, más que nunca, necesitamos sumar».

Claro que el desembarco albertino en el cuartel general popular podría tener muchas más preguntas. Porque vendría a coincidir –de producirse, repetimos- casi en los tiempos con María Dolores de Cospedal preparando las maletas para dedicarse a la campaña en Castilla-La Mancha.

¿Se aprovecharía para una cesión de trastos de la Secretaría General a Gallardón? ¿Acabaría el alcalde como «número dos» del partido, en el lo que parece ser el sprint final de Rajoy a La Moncloa, retomando las funciones que llevó a cabo hace más de veinte años tras la llamada de Manuel Fraga para sustituir a Jorge Verstrynge en la planta noble de Génova?

Las respuestas, en seis meses. Paciencia. De momento, el alcalde y sus fieles oficialmente niegan la mayor, dejando la iniciativa en manos de Rajoy.

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