Solbes, el pasota: «Ni lo sé ni me importa»

(PD).- Toda su filosofía personal, en términos políticos, se plasma en una reflexión que no cesa de repetir. «Ni lo sé ni me importa», comenta Pedro Solbes cada vez que se escabulle de los vanos intentos de sonsacarle una opinión. Singularmente, el otrora vicepresidente económico se ha adaptado mejor que ningún otro ex compañero del Gobierno a su condición de diputado raso.

Cerca del que fuera su antiguo puesto durante cinco años, Solbes se sienta en el primer escaño de la tercera fila, justo detrás del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y del portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, José Antonio Alonso. Desde su marcha como miembro del Consejo de Ministros hace ya casi tres meses lo que se percibe en él es una actitud relajada y, en cierto modo, pasota, según informa Garganta Profunda de El Semanal Digital.

Quien fuera jefe del aparato económico del Ejecutivo ya mostró estando en el cargo su nulo entusiasmo por continuar al frente de las riendas de su responsabilidad de sacar a España de la crisis. Solbes fue capaz de sugerir varias veces que quería dejar la política, declarando que «a ciertas edades, uno piensa qué tiene que hacer en la vida también» o mostrando su envidia por Mariano Fernández Bermejo «porque ya es ex ministro».

Pedro Solbes muestra un tono vital tan bajo como acostumbraba en su condición de vicepresidente económico. No responde a nada; no contesta a nadie. Echar balones fuera se ha convertido en su especialidad. En estas condiciones, pretender una reflexión suya sobre la financiación autonómica, el principal conflicto político de Zapatero, es casi un acto de crueldad. «Ni lo sé, ni me importa», repite de nuevo el hoy diputado raso.

Visiblemente cómodo con su actual estatus, Solbes no quiere ni oír hablar de tan serio problema para conciliar los divergentes intereses de las comunidades autónomas. No sería imposible llegar a un pacto que satisfaga a todas las regiones, pero ello supondría un fuerte aumento de los recursos que el Estado no está en condiciones de afrontar en estos momentos. Fue el propio Pedro Solbes quien comparó la cuestión con un sudoku.

El tiempo le ha dado la razón. El Gobierno tiene ante sí una dura prueba y, a día de hoy, tiene a todas las comunidades autónomas enfadadas y sin perspectivas razonables de poder satisfacer sus aspiraciones. Y claro, Solbes, de retirada o en plena fuga, está decidido a manejar su condición de diputado haciendo mutis por el foro. Es decir, sin mojarse, sin defender unas ideas que, a la postre, es para lo que se está en política.

Ya se sabe, en Pedro Solbes todo es tan cotidiano como sus paseos por pinares a las afueras de Madrid. Algún día tal vez le terminen haciendo una estatua en la plaza de su pueblo natal, Pinosa, al menos por haber sido capaz de convertirse en uno de esos jubilados de oro de la política, con una mensualidad que rebasa los 12.000 euros mensuales brutos. Aunque no percibirá esa cantidad durante el resto de su vida, su pensión siempre será superior a los 600 euros que recibe la media de los españoles o, incluso, a los 2.725 que cobran los más agraciados.

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