La pachorra esencial de Zapatero

La pachorra esencial de Zapatero

Asegura Manuel Martín Ferrand en su columna de ABC que cuando Joaquín Sabina estableció una nueva unidad de medida temporal -«lo que duran dos peces de hielo en un güisqui on the rocks»- no debió de tener en cuenta, la pachorra esencial de Zapatero.

Si el poeta que, en lugar de ir, viene de los cerros de Úbeda quisiera componerle un himno al líder socialista, veraneante por cuenta ajena, no le valdrían los peces -como Andy Warhol llamó a los cubitos- y tendría que recurrir a los icebergs de antes del calentamiento terráqueo.

Por lo menos, a los del Titanic. La cachaza es la médula esencial del presidente que cronometra con un calendario. Para él no sólo no ha terminado la Guerra Civil, sino que confía en que la ganen los republicanos.

Esa sobredosis de sosiego con la que, como Nación, nos enfrentamos a los problemas urgentes forma parte de ellos.

Nos enfrentamos a un nuevo curso, a la vuelta del próximo domingo, y pocos e imprecisos son los planes con los que se espera cerrar los agujeros por los que se escapa a chorros la potencialidad económica nacional.

Está, en el fondo, el problema autonómico que crece y pende de muy frágiles hilos, tal que del Tribunal Constitucional en lo que se refiere a Cataluña.

Hasta el Financial Times se ha dado cuenta de ello y nos previene de los costes insostenibles que arrastra un modelo centrifugador y atentatorio contra la unidad de mercado sin la que no es posible la recuperación.

No es sólo eso. Sin cegar el pozo del fracaso inmobiliario, empiezan a abrirse otros de igual o mayor dimensión y riesgo. Durante el pasado mes de julio, España recibió el número más bajo de turistas extranjeros desde 1995, el primer año en que el ministerio correspondiente comenzó a contar con precisión los que llegaban.

En los siete primeros meses de 2009, la cifra total ha descendido en más de un diez por ciento y, lo que es peor, el gasto por turista también decae.

Así, sin construcción ni turismo, ¿seguiremos maquillando la catástrofe con el arreglo de unas cuantas plazuelas en los municipios más necesitados? Los recrecidos impuestos con que nos amenaza José Blanco, ministro de guardia durante unas vacaciones gubernamentales impresentables, no aliviarán el problema.

La circunstancia, un mal inmenso, exige grandes remedios y no sentimientos progresistas caducados ya en el mundo libre. Lástima que el PP le dé prioridad a su manía persecutoria…

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