La casta política y quién se atreve a terminar con los chiringuitos del saqueo

La casta política y quién se atreve a terminar con los chiringuitos del saqueo

En tricornios en Democracia, siempre tenemos el placer de dar la voz a nuestros compañeros. Hoy se la ponemos y muy a gusto a nuestro amigo y compañero José Manuel Sánchez Fornet. Un policía decente y que fue un gran líder de la policía que tuvo como norma, «Poner por encima de todo la independencia y la lucha incansable en favor del colectivo que representaba», también lo hizo con los Guardias Civiles como uno más de ellos.

La Casta política como titula su artículo, es un breve repaso sobre una realidad tangible. En este país cuanto más incompetente es uno, más alto llega, punto y final. Un reflejo de nuestro territorio y nuestro país, que resumimos en una frase de una mente privilegiada y como entrante ahí la dejamos, veamos:

Una celebre escritora conocida por Ayn rand año 1950 dijo: «Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada;  Cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes no trafican con bienes sino con favores, Cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno por las influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están  protegidos contra ti; Cuando descubras que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto-sacrificio , entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada».

La clase política española ha dado una muestra más de su desprecio por el interés de la ciudadanía. Aunque nuestra democracia adolece de elementos imprescindibles en otras bien llamadas así, si su clase dirigente quisiera, si se comportara decentemente, muchos de los males que nos aquejan podrían solventarse y pasar a un estadio superior de dignidad representativa, el pueblo español sacaría la cabeza del cieno de la fosa séptica donde estamos desde hace siglos. Porque la dictadura franquista ya era una cloaca; la II República fue incapaz ni siquiera de evitar que los políticos se asesinaran unos a otros, y sus seguidores entre ellos, y la tan cacareada democracia, que en España es de partidos y no de ciudadanos libres e iguales, nos ha traído hasta aquí.

Somos el único país del mundo que tolera ataques y prohibiciones a su propia lengua en su territorio, o donde se critica a partidos políticos por ir a dar mítines a determinados pueblos, porque allí el odio a España se ha instalado y una clase política, entre la que está el PSOE, partido que ha gobernado más en estos 40 años de mal llamada democracia, entiende la democracia y la libertad según su conveniencia. La decencia moral y política debería pasar porque todos acudieran juntos a esos lugares privados de libertad para partidos que defienden a España. Esa actitud en política es como el soldado que vuelve la espalda ante el combate. Cobardía. Aunque ahora decir esto es políticamente incorrecto.

Tenemos los mejores palacios y sedes, sin limitación de gasto, en embajadas y los políticos que con más libertad y menos control usan los bienes públicos del mundo democrático (avión, palacios, cortijos/haciendas, barcos, helicópteros, coches, escoltas, servicio doméstico, fondos de libre disposición…). Una práctica que se heredó de la dictadura y que ni la izquierda ni la derecha modificaron adaptándola a comportamientos propios de políticos demócratas decentes.

La Casta política ha creado un conglomerado de organismos públicos repetidos donde viven ellos, sus amigos y familiares cómodamente mientras esquilman la riqueza del país. Cada cambio de Gobierno supone el cambio de cientos de altos cargos no funcionarios, que incrementan la nómina del Estado, y a los cesados se les abona un buen despido. Somos un país de picaros, de Rinconete y Cortadillo donde no se salva nada ni nadie; desde la Jefatura del Estado, que tiene un presupuesto ridículo porque los gastos de guardias reales, escoltas, mantenimiento de palacios, viajes… se cargan a distintos ministerios, no al capítulo de la Casa Real, pasando por Moncloa, Ministerios, embajadas, comunidades autónomas, organismos centrales del Estado, ayuntamientos… una estructura que supone tener a más cargos públicos cobrando del presupuesto que en países que tienen millones de habitantes más que nosotros, como Francia y Alemania. Y ahora a ver quién se atreve, y puede, desmontar ese chiringuito.

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