El Open Arms es un negocio lucrativo como la mayoría de las ONG de supuesto carácter humanitario

El Open Arms y las mafias del tráfico de personas ganan contra Europa.

El Open Arms y las mafias del tráfico de personas ganan contra Europa.

El que la sigue la consigue o lo que es lo mismo, el que resiste, gana, decía Cela, decreto que Rajoy tomó como fórmula mágica sin tener en cuenta la fecha de caducidad, pero la tenía, y he aquí el estercolero en el que estamos sumidos, sin perspectivas de mejora. Open Arms lo consiguió. Se podría decir que en este discutido torneo la ONG se ha sentado en el podio. El contrincante no era Salvini, ni siquiera Italia, sino toda Europa, la Europa de Clodoveo, que nació con el cristianismo, una Europa que languidece ante el estandarte de la Media Luna.

Es cierto que los convenios internacionales garantizan la protección de la vida humana en el mar. El SOLAS, por ejemplo, establece la obligación del capitán del barco de rescatar a personas en peligro, modificando incluso su ruta. Existe una obligación moral y también legal. Pero no estamos hablando de este protocolo, sino de algo muy distinto. El modus operandi de las ONG que hacen su negocio rescatando inmigrantes y refugiados –como el Open Arms—, es navegar por las costas de Libia –como los taxistas en busca de pasajero— en espera de la llegada de los botes cargados de inmigrantes que las mafias que trafican con personas colocan fuera de las aguas territoriales de Libia, previo aviso telefónico de la llegada. Si no fuera un auténtico drama podríamos decir que estas ONG se dedican a hacer cruceros de alto riesgo, pues viven de eso; son empresas bien capitalizadas que reciben subvenciones públicas y donaciones privadas. Pero es más, en los últimos días han salido a la luz imágenes que vinculan al Open Arms con la mafia Al Bija Boys –responsable de llenar el Mediterráneo de pateras—, trabajando en conjunto con su embarcación Alanqa 3 (Dato tomado del experto en inmigración Rubén Pulido). ¡Da miedo mirarles la cara!

Sin embargo, los políticos europeos, inmersos en una corrupción sistémica, parecen obviar la situación y nos conducen a la catástrofe cumpliendo punto por punto los programas de Soros y demás globalistas de la multiculturalidad, entregados al macro plan de mestizaje de Kalergui. Es un suicidio colectivo y lo sabemos, pero nadie hace nada como no sea financiar a las ONG, crear guetos donde meter a la gente que reciben de las mafias y activar partidas de millones para mantenerlos en centros, en cárceles y/o para que las familias se reagrupen, la formación del gueto sea más rápida y la mezquita pueda formar muchos muyahidines para la guerra santa, para honra de Alá y sus huríes. ¿Por qué a los globalistas les molesta tanto que seamos blancos y cristianos? Lo cierto es que es una herencia que quieren destruir.

Óscar Camps, el fundador de la Open Arms, muy ligada al independentismo catalán y financiada por Ada Colau, tiene un conocido pedigrí como negrero explotador de trabajadores, tema por el que tuvo no pocas denuncias y una respetable cuenta bancaria. Nada edificante para alguien que se dedica a “salvar” a los desheredados que los traficantes de personas les ponen en bandeja o, mejor dicho, en patera. Hoy han liberado a los menores. No sé si habrá bebés o niños pequeños, pero a los que muestran las imágenes no me gustaría encontrármelos –creo que a ninguna mujer— en el ascensor ni en un aparcamiento por la noche, sobre todo, si van en manada. “Boza”, gritaban. Victoria. ¡Y tenían razón!

La pendiente resbaladiza iniciada con la desafortunada “Alianza de civilizaciones” de Zapatero, a instancias de las oscuras cúpulas del poder en la sombra, no se soluciona con paños calientes y eufemismos rimbombantes de la ingeniería verbal. Lo primero, hacen falta políticos valientes y patriotas, conocedores de lo que se cuece y diseña en los “think tanks” de turno que diseñan la nueva sociedad –a la mayoría esto les suena a chino—, políticos menos frívolos que no se pasen el día con el foco puesto en el interés del partido y en colmar su propia ambición personal. Lo segundo, hay que concretar proyectos en origen con los gobiernos respectivos, un control férreo de fronteras, con cuerpos y fuerzas del orden, bien dotados para tal fin, leyes antimafia efectivas, deportación de los delincuentes y retirada de subvenciones a chiringuitos supuestamente humanitarios. En cuanto a leyes, hay que “desacomplejar” a los jueces, que tienen miedo a dictar sentencias desfavorables contra inmigrantes y otras etnias, por miedo a la propaganda mediática en contra. No puede haber leyes que permitan irse de rositas a los violadores islamistas o acusados de otros delitos sexuales porque ellos provengan –así se fundamentan algunas sentencias— de una cultura donde la mujer vale menos que un camello. Esto está ocurriendo en Alemania y en Suecia, donde asesinar a una blanca sale prácticamente gratis para un refugiado musulmán.

Algo importante que nunca se ha exigido y que constituye el abc de la integración es que el que llegue –siempre legal y a trabajar—aprenda el idioma, la historia y respete las costumbres del país que le está proporcionando un mundo mejor. Hasta ahora, se ha hecho todo lo contrario. Pero para eso hace falta voluntad, cosa que no ha habido. Ahora, la brecha se ha hecho tan grande, que ya no sirven los parches.

No hace falta que aclare que no es una cuestión de xenofobia, sino de sentido común y de llamar a las cosas por su nombre. Digo lo que muchos piensan y hablan en privado, pero callan por miedo a los alguaciles del buenismo y la dictadura de lo políticamente correcto. Tampoco es odio, ni racismo. Es simplemente una opinión reflexionada, a la vez que rebelión contra la invasión silenciosa. Nada me importan los sambenitos que me puedan colgar. Lo que sí me importa es que las palabras del político argelino, Ahmed Ben Bella, hayan sido una profecía y que esta se esté cumpliendo: “Conquistaremos Europa con los vientres de nuestras mujeres”. Todo esto viene a propósito del Open Arms, tan traído y llevado estos días. Más vientres para la conquista, más menores para no saber qué hacer con ellos, y los que vendrán, porque, como dijo Matteo Salvini, con toda razón, al primer ministro, Giuseppe Conte, es un mal precedente. Por eso decía al principio que la Open Arms se había sentado en el podio, aunque muchos finjan no enterarse.

 

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI

Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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