Con toda la información que está dispuesto a revelar, el ex comisario José Villarejo debería tener el estatus de testigo protegido

A Villarejo le huele la cabeza a pólvora.

A Villarejo le huele la cabeza a pólvora.

Cuando encarcelaron a Villarejo pensé que no duraría mucho en la cárcel, que acabaría siendo encontrado en la celda, ahorcado o quizá envenenado. Siempre creí que lo “suicidarían” para sellarle la boca definitivamente. La versión que airearían los medios, por boca del comunicado oficial, no correspondería a la verdad. Se dictaminaría el suicidio como causa de la muerte, por no poder aguantar la presión. Es la costumbre al uso. Caso cerrado y todos tranquilos. Nadie lloraría la muerte del sinvergüenza corrupto que, entre otros “servicios” intentó apuñalar a la dermatóloga, Elisa Pinto, amante del amigo y compi yogui de Leticia, López Madrid, yerno de Villar Mir. Tampoco se crearía en la prensa una corriente de opinión contraria a la tesis oficial. De hecho, en todos los temas escabrosos ha prevalecido siempre la oficialidad.

Nada de esto ha ocurrido. El ex comisario sigue vivo y en la cárcel, donde lo quieren ver sus otrora cómplices, aliados y jefes y están planeando complicarle más la vida para que no vuelva a ver el sol fuera de los muros del patio. Por eso ha llegado la hora de decir “si me hundo, os hundís conmigo”, y lo hace mediante una carta desde la cárcel de Estremera, en la que amenaza con sacar a la luz los trapos sucios y malolientes de los casos en los que estuvo involucrado: Corina, Pujol y su trama con Prisa y el Banco de Santander para blanquear 2000 millones de euros; sobre los pagos ilegales que Podemos recibió del gobierno venezolano y los contactos con ETA; datos sobre el independentismo catalán, sobre el Imán de Ripoll, cerebro del atentado de Barcelona que se podía haber evitado, la ocultación de datos compartidos con el CNI sobre el 11-M; habla del juez Marlaska haciendo la vista gorda con un barco de coca a cambio de información sobre atentados terroristas y sobre una lista de asuntos que involucran a jueves, fiscales y políticos. Todo ello con la anuencia del Ministerio del Interior y Moncloa, tanto con el gobierno socialista como el popular. “En el CNI, en parte de la Policía y la Fiscalía se tiene verdadero pavor a lo que voy a relatar para defenderme”, asegura.

Amenazar con tirar de la manta conlleva un grave riesgo y Villarejo debe saberlo, a no ser que se trate de una bravata para presionar y llegar a un pacto. Más bien será eso. En cualquier caso, es muy arriesgado y la cárcel un lugar muy inseguro cuando se tiene tanta información, que afecta a instituciones del Estado. Por mucho menos, han “suicidado” a otros.

Hace un mes, el directivo de la petrolera venezolana (PDVSA) en la etapa de Chávez, Juan Carlos Márquez Cabrera, apareció ahorcado en un despacho de Alcobendas. Alguien lo suicidó. Había declarado en la Audiencia Nacional y estaba dispuesto a colaborar con la justicia. Se investigaba el cobro de 4,5 millones de euros de la petrolera, mediante supuestos contratos falsos, por parte de Alejo Morodo, hijo de Raúl Morodo ex embajador de Venezuela durante el gobierno de Zapatero. El blanqueo se realizaba a través de una trama de sociedades. Márquez reveló algunos datos y estaba citado para declarar por segunda vez el día que fue encontrado su cadáver. ¿A quién beneficia su muerte? Por supuesto, a los implicados y quizá a algún míster X misterioso que vuela a Venezuela continuamente sin que sepamos a qué. ¿Sabrá algo de esto ZP? Las muertes extrañas siempre se quedan en eso: muertes extrañas. Pero nunca se profundiza lo suficiente para llegar al fondo.

Y, por último, hace poco más de una semana, el multimillonario y pederasta, Jeffrey Epstein fue detenido y encarcelado. La prensa anunció una lista de nombres que saldrían a la luz, personas poderosas de las élites, que habrían visitado la “isla de las Lolitas” y viajado en el jet privado de Epstein. Por fin, una de las mayores redes de pederastia internacional iba a ser desarticulada. Como denunciadora de esta gran lacra de la humanidad, en ningún momento me sentí optimista. Siempre supe que lo “suicidarían” y una vez más se correría un manto de dolor sobre el abuso de niños. A los pocos días apareció ahorcado en su celda. Es otro caso de libro.

No me extrañaría que Villarejo acabara como Epstein, Márquez y muchos otros a lo largo de nuestra historia reciente. Yo pido para él el estatus de testigo protegido. No sé si lo tiene ya. ¡Los ciudadanos tienen derecho a saber!

 

 

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI

Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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