ANÁLISIS / JORGE GÓMEZ

Coronavirus / Hacer y resolver no es el fuerte de nuestros políticos

Coronavirus / Hacer y resolver no es el fuerte de nuestros políticos

Vivimos una situación excepcional provocada por la propagación del COVID-19 que ha generado una pandemia de alcance planetario. Esta dramática situación nos ha encerrado a todos en las trincheras de nuestras casas y nos ha sumido en un estado de shock y, a día de hoy, nos somos capaces de vislumbrar la luz al final de túnel.

En esta guerra silenciosa el COVID -19 ha atacado con furia nuestro país, provocando cientos de miles de infectados y miles de fallecidos, colapsando un sistema sanitario que presumíamos que era de los mejores del mundo. Pero también ha actuado a modo de tsunami, poniéndolo todo patas arriba, incluida la Administración del Estado.

De todo lo acontecido extraigo una conclusión sencilla y a su vez dramática, nuestra seguridad, lo que creemos que tenemos consolidado, nuestros avances, nuestro modelo de vida y nuestra propia existencia son tremendamente frágiles ante la llegada de enemigos de estas características.

Cuando las situaciones se tornan tan complejas uno espera de los gobernantes que saquen su mejor cara, que se pongan manos a la obra y que nos demuestren que se merecen lo que les pagamos. Uno espera percibir unidad, esfuerzo, sacrificio, voluntad, liderazgo y carisma.

En nuestra querida España lo que se puede observar todos los días es juego político, desinformación, discursos oportunistas, reproches, desorganización, luchas entre territorios y enfrentamiento entre colores. Es decir, muchos de estos señores políticos demuestran un absoluto desprecio por el sufrimiento de sus compatriotas ya que siguen considerando que sus disputas ideológicas son más importantes que el bien común, que ahora no es otro que la pelea contra este enemigo sanguinario.

Yo haría una propuesta. Cuando todo esto termine deberíamos hacer un referéndum con una sola pregunta: ¿Queréis que todos se vayan a su casa despedidos?. Si la respuesta mayoritaria es “si” deberíamos rogarles a todos que respeten la voluntad popular, esa que imploran siempre y cuando les interese.

Pero el artículo está dedicado a la necedad, la cualidad que adorna a los necios, que no es otra que la demostración de ignorancia y actuación desacertada permanente. Esto no lo digo yo, lo dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Lo que si digo yo es que algunos políticos, cuando alcanzan el poder, esto que tanto ansían, se suben a un pedestal que les convierte en seres soberbios e impermeables al conocimiento.

Analicemos algunos casos concretos. El primero se llama Sir Boris Jonhson. ¿No lo conocen?. Claro que si. Es ese extravagante individuo que dirige la nave inglesa desde el 10 de Downing Street, después de arrasar en las últimas elecciones. Pues bien, este gracioso personaje negó la crisis sanitaria y la virulencia y mortalidad del COVID-19, no tomó medidas inicialmente contra la pandemia y alentó a los británicos a no seguir el histerismo internacional, argumentando que la población se inmunizaría así de manera natural. El resultado de su populismo son más de 18.000 fallecidos y miles de infectados, incluidos, al parecer, miembros de la Casa Real.

Lo curioso es que el “rubito” también se infectó y tuvo que ser ingresado, por supuesto recibiendo todos los cuidados que requiere un primer ministro, aquellos que otros necesitaban y no tenían y otros ya no necesitan porque han caído en la batalla. Cuando le dieron el alta declaró “Agradezco los cuidados recibidos porque me han salvado la vida”. Es verdad, a pesar de que sus decisiones han causado muchas víctimas, a usted le han salvado, que ironía. Lo lógico después de un episodio así, si la política fuese una actividad normal, es que usted dimitiese y se fuese para su casa pero no se preocupen que esto no ocurrirá.

Pero vamos con otro laureado en necedad. Se llama Ortega y es el presidente de Nicaragua. Este, todavía más inconsciente e irresponsable, no solo no ha adoptado ninguna medida en su país si no que organizó una marcha denominada “Amor en tiempo de COVID-19”, donde animaba a sus compatriotas a abrazarse y besarse. Pero no se piensen ustedes que al necio le ha doblegado la realidad, ni mucho menos, hace unos días aprovecho la festividad de Semana Santa para celebrar una nueva reunión en las calles de la capital y repartir dulces de almíbar, típico postre de esta festividad. La verdad es que no encuentro un término adecuado para catalogar a este individuo sin perder la educación.

Y el master absoluto en necedad se llama Bolsonaro. Es el Presidente de Brasil, un militar reconvertido a político, que afirmó que esto era una “gripiña” y que los brasileños eran fuertes y no necesitaban nada para superarla. En su última aparición lucía una hermosa mascarilla de protección. Sr. Bolsonaro, no se proteja, inféctese y demuéstrenos la veracidad de su teoría y si se muere pues nada, habrá usted probado en su carne el efecto de sus irresponsables decisiones.

Podríamos continuar porque la lista es amplia pero creo que tienen ustedes una muestra suficiente para responder a la pregunta. Yo tengo clara la respuesta igual que tengo claro que estos señores están ahí porque se les vota. Quizás una consecuencia de la pandemia puede ser que a partir de ahora reflexionemos a la hora de votar y pensemos que hablar saben todos, mentir también pero hacer y resolver no es el fuerte de muchos de ellos, llegando a tomar decisiones irresponsables causantes de muertes.

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