Nueva operación de autobombo que causa sonrojo al ver los intentos de un Gobierno socialcomunista necesitado de una foto con los ‘malvados’ del IBEX 35.
Pedro Sánchez ha reunido en la Casa de América a los representantes más importantes de la empresa española para lanzar un mensaje a la oposición.
Y la suerte que tiene es que este IBEX 35 parece entregado a los deseos de un líder que despliega gestos bananeros y palabrería hueca llevando al país hacia el desastre.
A propósito de esto, escribe este 1 de septiembre de 2020 el veterano Jesús Cacho en Voxpouli:
Particular asombro producen esos empresarios de cuerpo presente reunidos tras la incuria que nos gobierna, arropándolo, haciéndose cómplices de su no-gobierno, alineándose con la mentira después de haber acabado con ese ejemplo de dignidad política que es, que fue, Albert Rivera. El presidente los utiliza como un clínex de usar y tirar. Botín, Isla, Fainé, Pallete, Galán o Garamendi. A él solo le importa el marketing, la propaganda. Ellos lo saben y por eso les abochorna comparecer acabado el acto para valorar lo escuchado. La desvergüenza de Pedro y la falta de vergüenza del Ibex. Todos hacen mutis por el foro lo más rápidamente posible, sabiéndose en el fondo humillados tras haber tomado parte en este teatro de marionetas en el que nadie cree.
El presidente del Gobierno ha pedido «unidad» para impulsar su agenda política y ha prometido que el plan de recuperación que mandará a Bruselas impulsará un 2% el PIB si sale adelante.
Arropado por buena parte de sus ministros y por los ejecutivos de las principales empresas españolas, Sánchez ha recurrido al discurso de las «dos Españas» para pedir cohesión y el apoyo necesario para que su Gobierno pueda hacer frente a los «40 meses cruciales de legislatura» que le quedan por delante.
Soluciones no tiene pero sí eslogans: «Si España quiere, España puede», ha dicho el presidente antes de completar: «hemos de querer muchos si no todos, cuantos más, mejor».
Sánchez no parece entender que se dirige a una nación traumatizada que ha enterrado a 50.000 compatriotas —como le recuerda El Mundo— y sale de un verano demoledor para su primera industria nacional.
También ha insistido en la necesidad de tener «instituciones sólidas» para abordar con más fortaleza los retos que España tiene por delante.
Escribe Jesús Cacho:
¡Una de propaganda, marchando! Un prodigio de talento y resiliencia (la palabra que le tiene encandilado) para lo suyo, exclusivamente para lo suyo. El sujeto tapa su inanidad intelectual y política con sobredosis de supuesta actividad, reuniones y convocatorias, citas y conferencias, ruido, mucho ruido, ruido silente y vacío. Una interminable campaña de marketing destinada a gestionar su imagen, porque es lo único que sobradamente ha demostrado saber hacer con la ayuda de los Media y la televisión por fiel infantería. Sermón absurdamente triunfalista, capaz de avergonzar a cualquier cabeza decentemente amueblada, sobre esta pobre España postrada en la UCI de los países sin futuro. Ni asomo de autocrítica en este narciso pagado de sí mismo.
Este mensaje fue un chantaje que llega dos días antes de la reunión que mantendrá con el líder del PP, Pablo Casado, para abordar, entre otros, la renovación del CGPJ, el Tribunal Constitucional, RTVE y por supuesto, los Presupuestos Generales del Estado, claves para sostener su legislatura.
Pide unidad aquél al que apodaban ‘Dr. No’ y que mantuvo al país sin gobierno durante 315 días. Lo suyo no es una invitación al diálogo sino un chantaje: «Nadie tiene derecho a no arrimar el hombro por su ideología distinta».
Conmigo o contra mí, viene a decir este dictadorzuelo bajo la atenta mirada de su socio comunista.
Lo típico en un elemento que siempre ha apostado por el sectarismo y el desprecio al rival.