Los políticos se saltan las cuarentenas, los confinamientos, ni siquiera llevan mascarillas en los suculentos banquetes que celebran en plena pandemia

Los santos inocentes

“Estamos asistiendo a la muerte de la libertad  y de la democracia a manos de los que presumen defenderla a ultranza”

Los santos inocentes
Ellos, los políticos que nos desgobiernan. Nosotros los que pagamos las fiestas.

No me refiero a la magnífica novela de nuestro Miguel Delibes, llevada al cine magistralmente por Mario Camus, tampoco a la fiesta cristiana de los Santos Inocentes, pero sí me refiero a los  ciudadanos, los Santos Inocentes, que hoy soportamos a estos “dirigentes” políticos de todo signo en los desgobiernos de España y CCAA, que nos están llevando a la ruina económica y social por la gestión descontrolada de la pandemia batiendo otra vez todos los records. Los ciudadanos inocentes, como Santos, hemos aceptado con resignación hasta medieval, todo tipo de órdenes, opresiones y humillaciones, porque ya me dirán si, llevar un bozal sin poder mostrar nuestra verdadera expresión, no poder salir de tu casa a la hora que quieras y a dónde quieras, no poder reunirte con tus familiares y amigos, no poder cenar o picar a la noche en un restaurante o bar, etc., no supone una humillación y una des-humanización para una persona. Mientras, parece que los contagios dependen del azar, como la primitiva. No saben qué hacer, qué dirección tomar. Juegan a los dados con nosotros. No tienen ni puñetera idea.

Al final, de nada sirven los confinamientos perimetrales, ni las mascarillas que tenemos que comprar, ni la distancia social, ni renunciar a los besos y abrazos, ni lavarnos las manos mil veces, ni manosearlas con geles hidroalcohólicos que también compramos, ni nada de nada, como ha dicho Lucía Méndez. La pandemia está desbocada. Y, al poder sólo le sirve secuestrarnos en nuestras casas, parece que confinarnos de por vida es la solución que ofrecen estos políticos de medio pelo y repletos de soberbia, apoyados por “expertos” asalariados de una u otra forma. No tenemos solución.

Por ello, no es de extrañar que el otro día me comentase una camarera de un restaurante que frecuento “si con medidas más drásticas hay muchos más contagios, me gustaría saber qué pasaría si se retiraran todas las medidas. Igual resulta que tendríamos alguna sorpresa positiva”. También otro camarero y estudiante, me decía “¿El virus aparece a la noche y desaparece de día?, pues sabe lo que me acaban de decir algunos amigos, que irán a las casas de otros, la tomarán y allí la dormirán”. Es evidente que sería una irresponsabilidad, siempre hay descerebrados, aunque también lo es la falta de medidas verdaderamente eficaces, comprensibles y esperanzadoras para el ciudadano.

Ahora, una vez más, el pasado día 25 de octubre el Gobierno ha aprobado el Real Decreto Ley 926/2020, por el que se declara el Estado de Alarma, otro Estado de Excepción Encubierto, con Toque de Queda incluido, decretado entre las once de la noche y las seis de la mañana, aunque haya sido disfrazado por el Sr. Sánchez con el eufemismo de “restricción de la movilidad nocturna”, con vigencia de seis meses nada menos, sin control legislativo ni judicial. Ya aprobado por el Congreso por mayoría sobradamente  absoluta. Incluso el PP después de denunciar su inconstitucionalidad se abstuvo. Sólo Vox votó en contra.

A tal respecto, en primer lugar, el artículo 19 de la CE establece que los españoles tienen derecho a circular libremente por el territorio nacional y dicho derecho fundamental sólo puede ser suspendido si se acuerda el Estado de Excepción o de sito (Art.55.1 CE). Nunca con el Estado de Alarma. Es decir, el Gobierno y el Congreso han suspendido un derecho fundamental sin declarar previamente el estado de excepción o de sitio. Con este Estado de Alarma, que incluye la prohibición de circular libremente por el territorio nacional y con toque de queda, se está cometiendo una arbitrariedad, un fraude de ley, una ilegalidad manifiesta y una voladura del orden constitucional y del Estado de Derecho. En segundo lugar, el artículo 116 de la CE y la Ley Orgánica 4/1981, que regula los estados de alarma, excepción y sitio, establece que las prórrogas del estado de alarma no pueden ser superiores a 15 días, es decir, cada 15 días el Congreso tiene que decidir si el estado de alarma debe continuar o no. Otra ilegalidad manifiesta. Y, en tercer lugar, la delegación de la competencia gubernamental en las comunidades autónomas, además de ser un disparate de cogobernanza, es contrario al art. 7 de la Ley Orgánica 4/1981, dado que la pandemia afecta a todo el territorio nacional, no a una CCAA concreta. Un desastre en toda regla. Mientras, el Parlamento está en la UCI, y el Tribunal Constitucional, silente, ante esta tropelía. Este nuevo confinamiento comunitario, nocturno y perimetral, ahondará en la ruina económica y dañara irreparablemente la confianza de los ya escasos inversores. Si no ponemos remedio, será la sepultura económica y social de España, ya vaticinada por los empresarios.

Además, qué sentido tiene imponer un Toque de Queda desde las 11 de la noche hasta las 6 de la mañana, en algunas CCAA incluso más restricción, cuando a partir de las 6 de la mañana los ciudadanos van a trabajar y/o estudiar apelotonados en los trenes de cercanías, metros, autobuses urbanos y otros medios de transporte, cuando están reconocidos como uno de los focos más importantes de los contagios.

En fin, somos los Santos Inocentes hasta que un día el hartazgo ciudadano, que ya empieza a manifestarse en muchas ciudades incluso de forma violenta (que no puede ni debe tolerarse), diga basta a la brutal opresión y humillación, ya que como en la novela de Miguel Delibes se nos trata como a seres inferiores, como a siervos, casi como animales, y sus órdenes hoy ilegales nos llevan directamente a la miseria, pero la resignación no es eterna y el termómetro social está subiendo de grados. Ya veremos hasta donde llega la paciencia de los auténticos sufridores, los Santos Inocentes, los que cumplen abrumadoramente sus inquisidoras instrucciones, que durante seis meses tendrán suspendida su democracia, sus derechos fundamentales y  aniquilada su libertad. Estamos ante una dictadura encubierta, mientras los políticos se saltan las cuarentenas, los confinamientos, ni siquiera llevan mascarillas en los suculentos banquetes. Ahora vivimos en una democracia sin libertad. No es de extrañar que Pedro Baños, coronel del Ejército y experto en geopolítica, diga en su último libro “El Dominio Mental”,  “Estamos asistiendo a la muerte de la libertad a manos de los que presumen de defenderla a ultranza”.

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