“La unidad nacional es fascinante, pero nunca se va a lograr sin la reconciliación de los pueblos”.

Las sandalias del pecador

El altavoz de la divinidad es el que no está reconciliado con sus feligreses, puesto que las referidas manifestaciones sólo pueden buscar dividir a un país para que sea más fácil destriparlo y hundirlo, como están haciendo con Argentina y como ya hicieron con la joya de Sudamérica, Venezuela y ahora con otros

Las sandalias del pecador

Hace unos días el Papa Francisco concedía la primera entrevista radiofónica en España a Carlos Herrera para la cadena COPE.  Siempre que el Sumo Pontífice habla tiene un interés más que mediático, pero levantó si acaso más expectación por las perlas contenidas en sus declaraciones más que, intencionadas, perturbadoras, corrosivas y retrógradas, dado que envenenan la convivencia y elevan todavía más un ambiente ya de por si irrespirable en la convivencia de nuestro país, además de ser  preocupantes para la estabilidad y seguridad de Occidente.

Bergoglio, entre otras sandeces, dijo: “Yo no sé si España está reconciliada con su propia historia, sobre todo con la del siglo pasado”. Más aún, señaló: “La unidad nacional es fascinante, pero nunca se va a lograr sin la reconciliación de los pueblos”. Se refería a España, no a Argentina. Muchos podrían pensar que es un Papa antiespañol, un izquierdista radical, demostrado en múltiples ocasiones, pero aducir algo que no sólo no se corresponde con la realidad sino que es un gran engaño, es un pecado a todas luces de S.S., indigno del representante de San Pedro en la tierra, que es como decir del Dios de los cristianos, aunque Jesucristo jamás fundó una religión e incluso estaba en contra del sacerdocio profesional.

A tal respecto, conviene dejarle claro a S.S. que España fue un ejemplo mundial con la transición de la dictadura a la democracia, con el consenso de todos los partidos, incluido el partido comunista que también contribuyó a cerrar viejas heridas; con una Constitución votada abrumadoramente por todos los españoles, que ha supuesto una reconciliación ejemplar y reconocida por todos los países democráticos, menos por los guerracivilistas, que siguen anclados en una guerra civil fratricida librada hace más de 80 años. El altavoz de la divinidad es el que no está reconciliado con sus feligreses, puesto que las referidas manifestaciones sólo pueden buscar dividir a un país para que sea más fácil destriparlo y hundirlo, como están haciendo con Argentina y como ya hicieron con la joya de Sudamérica, Venezuela y ahora con otros.

Aún más, en la mentada entrevista, refiriéndose a la huida de Occidente, llego a decir: “Es necesario poner fin a la política irresponsable de intervenir desde fuera e imponer la democracia en los pueblos”, atribuyéndole la frasecita a Merkel, cuando es de Putín, no sé si fue un lapsus intencionado. Y, su propuesta es “oración y ayuno”. Debo recordar que sin el apoyo de Occidente Argentina, como otros muchos países, seguirían siendo una dictadura.

Sobre el terrorismo, ya hemos podido comprobar su contemporización con los talibanes. Su específica frase después del bárbaro atentado en París a Charlie Hebdo fue más que significativa e insultante: “Si alguien dice una mala palabra de mi mamá, puede esperarse un puñetazo. ¡Es normal!”. En este sentido, el credo religioso de los islamistas, en especial salafistas, es incompatible con su condición de ciudadanos en un país democrático. Para la inmensa mayoría de los salafistas, las sociedades europeas y la democracia son un pecado, como bien ha dicho Fernando Reinares del Real Instituto Elcano. Es el pecado de S.S. cuando con dichas declaraciones también deja desamparadas a las mujeres y niñas en Afganistán, ni siquiera se ha sumado a las  mínimas peticiones conjuntas realizadas a los talibanes por muchos jefes de Estado y de Gobierno “para que respeten los derechos de las mujeres y niñas afganas y se abstengan de cualquier acción que restrinja sus derechos en áreas como el empleo, la educación, el acceso a la atención médica, la cultura o los cargos públicos”. A tal respecto, tendría que caerle la cara de vergüenza al leer el SOS desesperado de una de las jugadoras de la selección femenina afgana de baloncesto en silla de ruedas, “Estuvimos dos días esperando fuera del aeropuerto. En algún momento nos dispararon a través del agua sucia en la que estábamos sumergidas. Nos pisotearon porque no podemos mantenernos bien de pié. Fue un calvario. Aguantamos con la esperanza de poder escapar a España. Después de la explosión todo se acabó”. Así, han quedado las discapacitadas, sin salvaconducto del Gobierno español, abandonadas a su suerte. Es más que intolerable.

Pero, claro, Bergoglio nada tiene que ver con aquel Papa de la galardonada película “Las Sandalias del Pescador”, dado que ni lleva las sandalias de la humildad, ni es pescador de fieles, ni donaría todos los bienes materiales de la iglesia Católica con el objetivo de paliar la hambruna en el mundo. En lo único que coinciden ambos es que son Papas, uno, al servicio de los fieles y de la paz y, otro, al servicio de los que nos llaman infieles a los que somos católicos y amamos la libertad y la democracia, que debe conllevar el respecto a todos los derechos humanos.

Bueno, ya me recojo, es sabido que el hábito no hace al monje. Y, como decía un amigo, si Lucifer se licua en el aire, su mefítica atmósfera es lo que se respira en el Vaticano. Si Dios pusiera en su alma la conciencia del honor y el amor al prójimo, tendría que renunciar y retirarse a meditar, con los mejores deseos de su total recuperación. Los feligreses se lo agradecerían infinitamente. Y, todo S.S., Sin Santidad.

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