El PP de Ávila se frota las manos a menos de un año para que se celebren las elecciones municipales. Carlos García, presidente del PP y a su vez de la Diputación provincial, tiene que estar feliz viendo como el PSOE abulense ha implosionado definitivamente.
El PSOE en la provincia de Ávila se ha convertido en un polvorín. Desde el proceso de primarias celebradas en 2021 en las que Jesús Caro ganó a la candidata Leticia Sánchez, la agrupación se ha autodestruido de forma evidente.
Ese proceso sirvió como detonante para la «guerra de guerrillas» que se ha vivido en la formación desde entonces. fue justo después del recuento, cuando Leticia Sánchez, de la mano del portavoz del Grupo Socialista en la Diputación, acudieron a la justicia ante el aumento injustificado y desproporcionado de afilados y desde entonces, el clima político en el PSOE ha sido irrespirable.
Jesús Caro, candidato del aparato, se hizo con las riendas del partido, pero no tenía fuerza suficiente en la administración provincial, por lo que decidió instar a la Comisión Ejecutiva Provincial a finiquitar al hasta entonces portavoz socialista en la Diputación, Pedro Muñoz.
La Comisión Ejecutiva lanzó la orden a los diputados socialistas, pero de los 8, solo 3 acataron dicha orden, lo que ha supuesto que Tudanca y su Ejecutiva, de la mano de Ferraz, hayan procedido a expulsarlos, lo que ha supuesto la convulsión en el partido. La representación socialista ha quedado reducida a tan solo 3 diputados en estos momentos.
El todavía portavoz del Grupo del PSOE en la Diputación de Ávila, Pedro Muñoz, se ha quejado amargamente de la expulsión que han sufrido él y sus cuatro compañeros y ha calificado de fechoría que se sustancia en un expediente “atropellado”, “sin garantías” y en el que “se han falsificado fechas de celebración de ejecutivas permanentes”.
Y lo peor de todo para la izquierda en Ávila, es que la batalla ha traspasado las fronteras de la Diputación provincial, desatándose las «hostialidades» en el Ayuntamiento de la capital, lo que, añadido a la gestión llevada a cabo por el Gobierno de Sánchez, las encuestas y el efecto Feijóo, hace que este último año antes de las elecciones municipales, se convierta en un calvario para la formación.

