El ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, se desmarca de Pedro Sánchez y no solo eso, se enfrenta directamente a él.
Luis Planas ha cesado fulminantemente a su mano derecha y Secretaria General de Pesca, Alicia Villauriz Iglesias, una persona a la que algunas fuentes, consultadas por Periodista Digital tras la destitución, sitúan como amiga personal del presidente, Pedro Sánchez.
En este sentido, tal y como recoge el portal Moncloa.com, el cese no sólo ha supuesto un fuerte cambio en el departamento de Pesca, sino que también parece ser un claro desafío de Planas a las directrices de Moncloa, que además de la afinidad con Sánchez de la cesada querer buscar una aparente tranquilidad y estabilidad en el Ejecutivo en estos meses previos a las elecciones generales.
Así, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ha confirmado el cese de Alicia Villauriz Iglesias como Secretaria General de Pesca, destacándose en el documento oficial que el ministerio de Luis Planas «agradece los servicios prestados» a la ya ex secretaria, cesada tras la deliberación del Consejo de Ministros, señala la información.
El ministro socialista no ha dudado en tirar de los nombres «internos» del departamento para encontrar a una nueva secretaria de Pesca. Un nombramiento que finalmente ha recaído en María Isabel Artime García, que se convierte así en la nueva Secretaria General de Pesca, renunciando a su vez a su cargo como Directora General de Pesca Sostenible, también dentro del Ministerio dirigido por Luis Planas.
Luis Planas ‘pasaba’ de la orden de Moncloa sobre la estabilidad hasta la cita electoral de diciembre.
Dos ministros sí han obedecido las órdenes de Sánchez y han renunciado a sus intenciones de formalizar algunos ceses en sus negociados. En este sentido, Reyes Maroto quería hacer algunos cambios en su organigrama (antes de tener que abandonar el cargo para enfrentarse a las elecciones municipales en Madrid).
También el titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, no estaría muy contento con algunos de sus altos cargos y pretendía despedir a algunos colaboradores para enfrentar con mayor tranquilidad el resto de legislatura. Pero la orden de Moncloa se ha impuesto y ni Maroto ni Grande–Marlaska se han atrevido a desobedecerla.

