Inasequible al desaliento.
No en vano tuvo tres mayorías absolutas y fue absuelto de todos los cargos.
El verano político en Valencia ha saltado por los aires tras el anuncio de Francisco Camps, quien, lejos de la discreción de los jubilados ilustres, ha decidido regresar al primer plano para liderar de nuevo el Partido Popular de la Comunitat Valenciana.
La noticia, lejos de pillar por sorpresa a los viejos militantes populares, ha desatado un terremoto en la sede regional y, sobre todo, en Génova 13, donde el enfado es notorio ante la maniobra del expresidente.
El entorno político valenciano asistió esta semana a un acto multitudinario en el Palau Alameda de Valencia.
Más de 500 fieles –incluyendo viejos conocidos como Sonia Castedo y otros pesos pesados de la “era dorada” del PP autonómico– recibieron entre vítores a Camps, que entró bajo gritos de “presidente”.
Allí lanzó su órdago: “Recojo el testigo, recojo el reto, quiero volver a ser el presidente del PP de la Comunitat Valenciana”.
No era una cena de antiguos alumnos; era una declaración de guerra política.
Mazón en la cuerda floja y Génova al borde del ataque de nervios
El contexto no podría ser más delicado. El actual presidente autonómico y líder del PP valenciano, Carlos Mazón, llega debilitado tras una gestión cuestionada frente a la DANA que asoló Valencia en octubre pasado. La oposición interna ha ido creciendo y Camps ha sabido leer el clima: “Quiero volver a liderar el PP contando con todos los que hoy tienen responsabilidades políticas en cada una de las administraciones”, recalcó, intentando no herir sensibilidades pero dejando claro que es hora del relevo.
En Génova 13 cunde la irritación. No solo por las formas –la convocatoria se realizó justo cuando se acaba de presentar el plan de recuperación tras la DANA y con Mazón reuniéndose con alcaldes socialistas– sino por el fondo: consideran que Camps desestabiliza en un momento crítico para consolidar al PP frente a las turbulencias del PSOE nacional. El mensaje interno fue claro: “Ahora no toca este tipo de actos”. Pero Camps hace oídos sordos.
Viejos rockeros nunca mueren (y menos si huelen a mayorías absolutas)
El expresidente no se limita a postularse como simple alternativa. Apela directamente al recuerdo emocional del partido hegemónico: aquel que encadenaba mayorías absolutas y tenía músculo propio frente al socialismo. Camps promete un “gran partido de todos los valencianos” y un PPCV capaz de “volver a ganar con mayoría absoluta”, fórmula mágica que todavía resuena entre las bases.
Para reforzar su mensaje, Camps se rodea tanto de históricos –algunos salpicados por casos judiciales– como de jóvenes militantes, vendiendo así una imagen de renovación sin renegar del pasado. “Ilusiones renovadas pero sin dejar atrás a nadie”, proclamó en su mitin, hilando recuerdos nostálgicos con promesas futuristas.
No faltan tampoco guiños simbólicos: desde la reivindicación de su vínculo con Rita Barberá hasta la promesa de instaurar un premio anual a “la mejor valenciana del mundo” con su nombre. Todo suma en una estrategia que busca unir tradición y proyección.
¿Y ahora qué? El tablero político se complica
La candidatura formal podría hacerse pública en semanas, cuando Camps presente su lista provincializada para presidir el PPCV en un futuro congreso regional. Mientras tanto, la presión sube tanto para Mazón como para la dirección nacional. Y es que los apoyos internos a Camps no son anecdóticos: según Emilio Llopis, exalcalde y colaborador cercano, ya han recogido más de 1.200 avales pidiendo su regreso al liderazgo regional.
La convocatoria abre además varios escenarios incómodos:
- Un congreso regional anticipado o muy disputado.
- La posibilidad real de primarias entre Mazón y Camps (o algún tercer candidato bendecido por Génova).
- El riesgo cierto de fractura interna si las heridas abiertas no cicatrizan antes de las próximas elecciones.
Por si fuera poco, Vox observa con recelo cualquier movimiento que pueda desestabilizar el gobierno autonómico. Su líder nacional, Santiago Abascal, ya manifestó públicamente su opinión “bastante negativa” sobre Camps, dejando claro que un regreso suyo complicaría aún más la aritmética parlamentaria valenciana.
¿Por qué ahora? Las razones detrás del retorno
Si alguien pensaba que Francisco Camps estaba amortizado políticamente, puede ir cambiando de canal. Su regreso responde tanto a factores internos –el descontento creciente con Mazón tras la crisis climática y la sensación de partido fragmentado– como externos –la debilidad socialista y las dudas sobre el futuro inmediato del bloque conservador–.
Camps ha aprovechado hábilmente:
- El desgaste público del actual president tras episodios como la gestión post-DANA.
- El vacío emocional dejado por las viejas glorias populares.
- La necesidad percibida entre militantes veteranos y parte del electorado conservador por volver al modelo “de antes”.
Curiosidades y datos llamativos sobre este regreso
- En los actos públicos recientes sonó como himno improvisado I Will Survive, toda una declaración de intenciones.
- La vuelta de Camps está respaldada por figuras tan conocidas como Sonia Castedo (exalcaldesa de Alicante) o Carlos Fabra (exbarón provincial), lo que refuerza ese aire nostálgico.
- El último año han recogido más avales internos para su candidatura que algunos líderes actuales durante sus respectivas campañas.
- En sus discursos ha prometido lealtad absoluta a Feijóo pero no ha desaprovechado ocasión para recordar sus años gloriosos frente al socialismo valenciano.
- La fecha elegida para lanzar su desafío no es casual: coincide con el cierre político del curso y justo antes del arranque oficial del calendario preelectoral interno.
En definitiva, cuando parecía que la política valenciana ya no podía sorprendernos más, Paco Camps vuelve a escena dispuesto a moverle la silla a Carlos Mazón… para disgusto monumental en Génova 13. Queda demostrado que en Valencia los viejos rockeros nunca cuelgan la guitarra; como mucho afinan las cuerdas para un bis inesperado.
