En La Retaguardia de este miércoles 11 de Noviembre, Eurico Campano analiza con el director de ElCatalán.es, Sergio Fidalgo, y Ángeles Ribes la nueva estrategia de Pedro Sánchez para distraer la atención de su nefasta gestión y sus múltiples escándalos de corrupción en su gobierno, en su partido y hasta en su familia: hablar de los gobiernos autonómicos del PP y VOX.
Este miércoles, el presidente del Gobierno ha aparecido en la Cámara Baja con un sinfín de temas delicados sobre la mesa. Sin embargo, en lugar de replegarse, intensificó sus críticas hacia las autonomías gobernadas por el PP y convirtió la relación entre este partido y Vox en el eje central de su discurso.
Este cambio no es casual. La legislatura se encuentra en un estado precario tras la ruptura con Junts, lo que deja al Ejecutivo sin mayoría y con un calendario legislativo estancado. Feijóo, al frente del PP, siente que es su momento y exige elecciones anticipadas, mientras Vox presiona desde la derecha argumentando que hay un «bipartidismo estafador». En este contexto, Sánchez ha decidido tomar la ofensiva, enfocándose en las gestiones sanitaria y educativa en feudos populares como Andalucía, Extremadura y Castilla y León, además de lanzar críticas a lo que él considera una “agenda negacionista” asumida por el PP tras su acuerdo con Vox.
En un pleno donde se esperaba que la corrupción fuera el tema principal, Sánchez ha optado por cambiar el enfoque. Los populares han centrado sus ataques en los escándalos que rodean al entorno del presidente: desde la investigación sobre su esposa Begoña Gómez, pasando por el juicio contra la socialista Leire Díez, hasta los problemas judiciales que enfrenta su hermano y el juicio al fiscal general del Estado. Feijóo ha insistido en que el Gobierno está «acorralado» y que la situación es «insostenible» ante la falta de presupuestos y apoyos parlamentarios.
Lejos de ceder terreno, Sánchez ha utilizado este debate para desviar la atención hacia las deficiencias en la gestión de las comunidades del PP, especialmente tras los problemas surgidos en los cribados de cáncer de mama en Andalucía. Este enfoque recuerda a una táctica clásica en política: si lo mejor es defenderse atacando, entonces hay que atacar dos veces. “No hay ninguna prueba” contra los suyos, repite Moncloa, mientras desde la oposición le acusan de transformar La Moncloa en un «centro de negocios» y mantener a ministros bajo sospecha judicial.
Un aspecto que Sánchez ha sabido utilizar con habilidad es la alianza entre PP y Vox. Advierte que si llegara a producirse un cambio en Moncloa, eso implicaría aceptar la “agenda negacionista” del partido liderado por Santiago Abascal. Esta estrategia busca movilizar a un electorado progresista desanimado, polarizando aún más el debate político al presentar a Vox como una amenaza para la democracia.
Mientras tanto, Vox critica al bipartidismo por “servirse a sí mismo” e incluso rompe folios en el Congreso como símbolo del descontento ciudadano. Desde Podemos, se critica duramente que el nuevo Estatuto de Castilla-La Mancha sólo facilite el acceso a las instituciones para la derecha y extrema derecha, creando así bloques cada vez más enfrentados e irreconciliables.