ENTONA EL "NO A LA GUERRA" TRAS FALLARLE TODO LO DEMÁS

El antitumpismo del trilero Sánchez tiene premio: el presidente de Irán aplaude su impostado «no a la guerra»

El marido de Begoña se viste de Zapatero para intentar dar la vuelta a las encuestas y busca coger impulso movilizando a sus votantes con las manifestaciones de este 8M

Más falso que un euro de madera.

El trilero Pedro Sánchez lo intenta de nuevo.

Y otra vez haciendo trampas.

Y con el respaldo y la asesoría de los ‘gurús‘ del PSOE, que creen que el pulso con Trump les permitirá dar un vuelvo a las encuestas y que el ‘no a la guerra’ puede llevar al marido de Begoña a ganar las elecciones

Sería exagerado hablar de euforia, pero se detecta cierta esperanza  entre los más cercanos al presidente: consideran que han encontrado la manera de movilizar al electorado de izquierdas desencantado.

Y como no podía ser de otra manera y ya ocurrió en el pasado con los terroristas de Hamas o los fanáticos talibanes, los ‘malos’ acuden en tropel.

El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, ha elogiado este miércoles a Sánchez por su «conducta responsable».

El líder de la República Islámica de Irán ha agradecido al amo del PSOE su postura contra la «agresión militar de la coalición sionista‑estadounidense contra países como Irán» llevada a cabo en los últimos días, una actitud que considera que demuestra que «todavía hay valores morales y conciencias despiertas en Occidente».

Después de los tropiezos en Extremadura y Aragón, sumados a su crónica debilidad parlamentaria y el incumplimiento de presentar los presupuestos, el presidente ha encontrado lo que considera su salvación: convertirse en el referente mundial del antitrumpismo. No se trata de una casualidad, sino de una estrategia bien pensada.

El jefe del Ejecutivo ha comprendido que el rechazo hacia Donald Trump genera un gran apoyo en la opinión pública española, sobre todo entre sus potenciales votantes de izquierda y sobre todo, de extrema izquierda.

Así lo indican las encuestas realizadas por Sociométrica, que evidencian cómo la figura del mandatario estadounidense provoca un fuerte rechazo entre el electorado progresista. Sánchez ha decidido aprovechar esta tendencia.

Pese a que desde la Moncloa, ha proclamado un firme «no a la guerra», el propio Sánchez ha manifestado su intención de enviar tropas españolas a Ucrania, sigue enviando armas, ha comprado armamento a Israel o gas a Rusia.

Además, ha desafiado públicamente a Trump al rechazar el aumento del gasto en defensa hasta el 5% del PIB.

El líder del PSOE quiere tejer una narrativa donde el presidente norteamericano se convierte en el responsable de todos los problemas españoles: desde la subida de precios hasta la crisis de vivienda, pasando por el desempleo y su propia debilidad parlamentaria.

El 8-M, un primer sondeo

La prueba decisiva se presentará este domingo con las manifestaciones del 8-M. Las calles españolas se llenarán de consignas feministas acompañadas de gritos contra Trump, Netanyahu y la guerra. Sánchez espera que esta energía se traduzca en movilización electoral y, sobre todo, que logre recuperar ese voto progresista que ha optado por la abstención.

Sus aliados de izquierda han respondido al unísono. Yolanda Díaz afirmó que «España es un país soberano y de paz». Mónica García criticó al PP por su supuesta complicidad con Trump. Incluso Gabriel Rufián de ERC se unió a este coro, aunque con su característico tono irónico dirigido a la derecha.

Sin embargo, esta estrategia descansa sobre cimientos inestables. El mismo presidente que ahora levanta la bandera pacifista aprobó hace apenas once meses un plan de rearme dotado con 10.471 millones de euros sin consultar al Congreso. Esta contradicción no ha pasado desapercibida para muchos. También es evidente que España carece de influencia real en los conflictos de Ucrania y Gaza. Sánchez habla del envío de tropas de paz cuando ni siquiera hay acuerdos de alto el fuego en Ucrania —donde Rusia ha intensificado sus ataques— ni perspectivas claras para fuerzas internacionales en Palestina, donde Israel rechaza cualquier presencia externa e incluso a comprado gas a Rusia en plena guerra de agresión de Putin.

Lo que realmente ha logrado Sánchez es convertir la política exterior en un escudo para su propio ámbito político interno. Mientras su Gobierno sigue sin aprobar los Presupuestos para 2026, mientras dos veces han sido rechazados los planes sociales en el Congreso y mientras se cierne sobre él la sombra de casos como los de Cerdán, Ábalos y Koldo —y su hermano y esposa comparecen ante los jueces—, el presidente desvía la atención hacia Washington. Trump se convierte así en el enemigo externo que justifica todas sus acciones. Es una táctica similar a lo que algunos analistas ya anticipaban: aprovechar un evento inesperado para salir del estancamiento político.

El PSOE ha anunciado una «Conferencia por la Paz» para este primer semestre, considerando que será uno de los temas centrales para 2026. Sin embargo, lo cierto es que Sánchez necesita urgentemente mantener su legislatura hasta 2027. Las elecciones autonómicas en Castilla y León y Andalucía parecen apuntar hacia derrotas iguales o peores que las de Extremadura y Aragón. La parálisis económica seguirá afectando seriamente a los ciudadanos españoles: perderá impulso el empleo y los precios continuarán presionando las economías familiares; además, el problema habitacional seguirá sin solución aparente.

Ante esta tormenta perfecta, Sánchez intenta mostrar fortaleza exteriormente. Busca posicionarse en foros multilaterales y aspira a ocupar el espacio dejado por Reino Unido en el panorama europeo. Y continúa apostando por la causa palestina. Todo ello mientras intenta convencer a sus socios parlamentarios de que el verdadero enemigo no reside en Madrid sino en Washington.

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