El acto con motivo del Día de la Mujer, organizado por el Partido Popular en el Congreso de los Diputados, fue un homenaje a las mujeres que realmente son perseguidas y oprimidas, como la iraní Masih Alinejad, que lleva casi dos décadas exiliada en Estados Unidos. Alinejad no escatimó en críticas durante su intervención, dirigiendo sus dardos más afilados hacia Pedro Sánchez y su negativa a permitir que las bases españolas de Rota y Morón sean utilizadas por Estados Unidos para llevar a cabo operaciones contra la dictadura de su país.
Con un tono que mezclaba indignación e ironía, Alinejad inquirió al presidente español: «¿Cómo te atreves a usar los cuerpos heridos de los iraníes como munición política contra otros partidos?». La periodista, quien ha sobrevivido a dos intentos de asesinato atribuidos a las autoridades de Teherán, no dudó en acusar a Sánchez de guardar silencio ante lo que ella califica como «masacres» cometidas por el régimen iraní, mientras simultáneamente critica las acciones militares de Estados Unidos e Israel. «Estáis del lado de los asesinos», afirmó con rotundidad.
Este contexto es especialmente sensible. Hace pocas semanas, bombardeos que se atribuyen a Washington e Israel provocaron la muerte del ayatolá Alí Jameneí, líder supremo de Irán, en medio de una escalada militar sin precedentes en la región. España ha condenado públicamente estas acciones, lo que ha generado tensiones con sus aliados occidentales y se ha convertido ahora en un tema político interno. Alinejad, quien fundó en 2014 el movimiento My Stealthy Freedom para defender los derechos de las mujeres iraníes, aprovechó su presencia en el hemiciclo para cuestionar la coherencia moral del Gobierno español.
Un momento irónico del encuentro fue cuando la activista se vio obligada a preguntar por el nombre del presidente español a Cayetana Álvarez de Toledo, la diputada popular encargada de presentarla. «¿Cómo se llama? ¿Sánchez?», inquirió con una mezcla de incredulidad y sarcasmo que no pasó desapercibida. Este detalle, aunque parezca trivial, ilustra la distancia entre la relevancia internacional de la crisis iraní y lo que Alinejad considera una posición marginal o inconsistente del Gobierno español en el escenario geopolítico.
Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, cerró el acto lanzando una serie de ataques hacia Sánchez. Lo acusó de representar «la ética del engaño en versión internacional» y resumió su postura en cuatro palabras: «Como siempre, Sánchez miente«. El presidente popular cuestionó la autoridad moral del Ejecutivo para hablar sobre paz cuando, según su argumento, ha permitido previamente el envío de explosivos y detonadores a Irán y ahora envía barcos de guerra a Chipre mientras proclama públicamente su rechazo a la guerra.
La tensión también se trasladó al ámbito interno. Feijóo criticó lo que consideró «feminismo superficial» del Gobierno, contrastándolo con el «feminismo auténtico que arriesga la vida en las calles de Teherán». Esta línea argumentativa, aunque centrada en los derechos femeninos, sirvió principalmente como un vehículo para cuestionar la gestión gubernamental en materia de igualdad y también para criticar la ley trans aprobada por el Ejecutivo.
La embajadora interina de Israel, Dana Erlich, también se sumó al debate público sobre Irán, expresando su preocupación por cómo se condenan las operaciones militares sin tener en cuenta la amenaza real que supone la dictadura islámica de ese país, y su obsesión enfermiza con acabar con los israelíes primero y Occidente después.