UNA VOZ DISIDENTE EN LA IZQUIERDA

Marta Sanchíz, la expareja de Errejón que desafía el relato en el caso Vito Quiles–Sarah Santaolalla

La exjefa de gabinete de Íñigo Errejón irrumpe en la controversia entre Vito Quiles y Sarah Santaolalla, poniendo en tela de juicio el discurso dominante en su propio ámbito político.

Marta Sanchíz, la expareja de Errejón que desafía el relato en el caso Vito Quiles–Sarah Santaolalla
Íñigo Errejón PD.

La escena es familiar: Vito Quiles sale del Senado, rodeado de móviles grabando y un ambiente cargado de tensión política. Sarah Santaolalla denuncia una agresión que desata una campaña en redes sociales y en instituciones. Sin embargo, ha aparecido un nuevo actor inesperado: Marta Sanchíz, exjefa de gabinete de Íñigo Errejón.

Lo que comenzó como un simple comentario en redes ha derivado en un pequeño terremoto interno. Sanchíz ha tomado la decisión de respaldar a Santaolalla frente al acoso, pero también ha puesto en duda que los vídeos muestren una agresión, sin ocultar la carga política de su declaración.

“No me hace menos roja ni menos feminista”

A través de una historia en Instagram, Marta Sanchíz lanza un mensaje que la sitúa en el centro del debate: es posible condenar el acoso hacia Sarah Santaolalla sin tener que afirmar que hay agresión en unas imágenes que ella no considera como tal.

Sus ideas pueden resumirse así:

  • Condena el acoso, persecución y hostigamiento sufrido por Santaolalla.
  • Rechaza la idea de que los vídeos presentados permitan hablar de una agresión física.
  • Asegura que se pueden sostener ambas posturas: apoyar a una mujer y no validar un relato específico si no se ajusta a las pruebas disponibles.

La frase más comentada resume su postura: mantener esta opinión “no me hace menos roja ni menos feminista”, rematada con una crítica interna: “Lo que no soy es ciega ni cerril”. Con esto, lanza un dardo al clima polarizado: cuestionar una versión no debería excluir a nadie de su identidad política.

El peso de una sentencia que habla de “fabular y mentir”

Mientras las redes debatían sobre imágenes y relatos, el asunto llegó a los tribunales. La jueza encargada de analizar la denuncia de Sarah Santaolalla contra Vito Quiles rechazó la orden de alejamiento y consideró que no había agresión en los hechos descritos por ella.

De la resolución judicial y del informe forense se deduce lo siguiente:

  • No hay lesiones objetivas compatibles con la agresión denunciada por Santaolalla.
  • La magistrada sostiene que la denunciante exagera o fabula lo ocurrido, lo cual invalida su versión para justificar la medida solicitada.
  • Así, el juez desmantela la base sobre la cual se construyó la campaña que presentaba a Quiles como autor de una agresión física en el Senado.

A pesar de esto, Santaolalla ha defendido en otros espacios que Vito Quiles “no ha ganado nada” en los tribunales, insistiendo en que su versión se mantiene intacta. Es precisamente este choque entre sentencia, relato político y discurso mediático donde encaja la intervención de Sanchíz.

La ruptura del cierre de filas en la izquierda

Lo realmente incómodo para su espacio político no radica solo en lo que dice, sino también en cómo lo dice. Sanchíz proviene del entorno de Errejón, quien ha visto cómo parte de la izquierda asumió automáticamente el relato de Santaolalla y señaló a Quiles como agresor sin matices.

Su mensaje pone en cuestión varios automatismos:

  • La noción errónea de que discrepar del relato más contundente implica alinearse “del lado del agresor”.
  • La lógica simplista que sostiene “o aceptas todo o te conviertes en enemigo”.
  • La costumbre de priorizar las consignas políticas antes que realizar un análisis detallado de los hechos.

Sanchíz resalta algo que debería ser evidente: defender a una mujer frente al acoso no implica sostener que ha habido un delito cuando ni las imágenes ni el informe forense lo acreditan. En su reflexión advierte sobre los daños colaterales: “cuánto más sacrifiquemos la verdad por defender ciertas causas, menos recorrido tendrán nuestras causas”, señala claramente en su publicación.

Una campaña infame y el desgaste de credibilidad

Lo que algunos consideran un claro caso de violencia política, otros lo describen como “una campaña infame, basada en mentiras” contra Quiles, amplificada por sectores del Gobierno y figuras mediáticas afines al PSOE.

En este contexto se han señalado varios aspectos:

  • La rápida reacción por parte de ministros y portavoces socialistas hablando ya de “agresión”, cuando muchos analistas coinciden en que las imágenes no muestran tal cosa.
  • El uso constante de términos como “matón”, “agitador ultra” o “violento” tanto en redes como en declaraciones institucionales antes incluso de conocer el criterio judicial.
  • La contradicción entre el parte médico sin lesiones y la imagen del cabestrillo que Santaolalla lució en platós y redes sociales, transformándose ya en símbolo de un relato sin respaldo judicial.

La mezcla entre política, televisión y redes ha generado una sensación palpable de sobreactuación. Un conflicto que podría haberse abordado como un serio caso de acoso se ha empaquetado como una gran agresión ejemplarizante; ahora, tras la sentencia, muchos se sienten perdidos.

Feminismo, verdad y miedo a salirse del carril

El mensaje lanzado por Marta Sanchíz toca una fibra sensible dentro del feminismo político: ¿qué sucede cuando proteger a una mujer exige a toda la militancia respaldar una versión insostenible? ¿Cuánto puede resistir un movimiento si exige fe ciega donde sería necesario exigir precisión?

En este caso particular, su postura introduce matices importantes:

  • Se puede hablar sobre acoso, exceso mediático e incluso necesidad urgente de establecer límites claros ante ciertos comportamientos por parte de Quiles.
  • Pero construir un caso sobre agresión física, totalmente desmontado por un juez punto por punto, es otra cuestión diferente.
  • Mezclarlo todo solo alimenta a quienes desean desacreditar completamente el feminismo y cualquier denuncia futura.

Dentro del entorno político progresista, este tipo de desmarques tiene sus consecuencias. Romper con el guion establecido no solo conlleva críticas externas; también implica afrontar miradas suspicaces internas, acusaciones implícitas e incómodos silencios. No obstante, Sanchíz ha decidido asumir ese riesgo y expresar abiertamente lo que muchos comentan solo a sus espaldas.

En un ecosistema donde prevalece más la consigna que las pruebas fehacientes o los informes forenses, esta exjefa del gabinete ha tomado una decisión arriesgada: recordar que sin verdad ni siquiera la causa más justa puede mantenerse firme demasiado tiempo. Quizás por eso su mensaje resuena tanto; porque señala justo esa grieta incómoda a la cual muchos prefieren mirar hacia otro lado.

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