La jefa criminal de ETA, Soledad Iparraguirre –apodada ‘Anboto’–, podrá disfrutar de semilibertad de lunes a viernes, a pesar de tener una condena acumulada de 793 años y ocho meses por 14 asesinatos y numerosos atentados.
Detenida en Francia en 2004, cumplió 15 años en ese país y solo seis en España desde 2019, cuando fue extraditada.
Ahora, el Departamento de Justicia del Gobierno vasco, bajo la dirección de la socialista María Jesús San José, ha decidido aplicar el artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario, lo que le permitirá salir durante el día con la obligación de regresar a dormir, tras presentar un plan relacionado con trabajo o voluntariado.
Este régimen intermedio, que no se equipara al tercer grado, sigue el mismo patrón que el caso de ‘Txeroki’ en febrero.
La decisión final corresponde al Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria, tras recibir un informe no vinculante por parte de la Fiscalía. Las víctimas, muchas veces notificadas por teléfono sin ningún tipo de formalidad, han expresado su indignación. Maite Araluce, presidenta de la AVT, manifiesta una «tremenda sensación de derrota»: «Los terroristas han ganado; las víctimas somos los que perdemos».
Por su parte, Daniel Portero, representante de Dignidad y Justicia, califica esta situación como «penosa y asquerosa», señalando que es una traición constante del Estado.
Antecedentes de una etarra letal
‘Anboto’, nacida en Gipuzkoa en 1961, ascendió en las filas de ETA desde comandos como Araba y Madrid. En el escándalo relacionado con la etarra Anboto, quien paseará libremente por las calles pese a haber sido condenada a más de 645 años desde 2019, se detalla su trayectoria criminal. Fue la conductora del coche bomba en Mendizorroza (Vitoria, 1985), donde sus huellas dactilares sirvieron como prueba; recibió una condena de 425 años por 20 intentos de asesinato. También detonó 36 kilos de amonal en Armentia (Vitoria, 1987), causando la muerte a los policías Antonio Ligero y Rafael Mucientes, lo que le acarreó 70 años de pena.
Entre otros crímenes se encuentran el asesinato del cartero Estanislao Galindez en Amurrio (1985, 39 años), del comandante Luciano Cortizo en León (1995, 122 años) y un atentado con bomba trampa en Eskoriatza (1987, 46 años). Además, ordenó un atentado fallido contra el rey Juan Carlos I durante la inauguración del Guggenheim (Bilbao, 1997), lo que le supuso una pena adicional de 15 años, tras suministrar explosivos al comando Katu. También gestionó el «impuesto revolucionario» como tesorera de ETA y fue quien anunció su disolución en 2018 junto a ‘Josu Ternera’.
| Crimen clave de ‘Anboto’ | Pena impuesta | Víctimas directas |
|---|---|---|
| Mendizorroza (Vitoria, 1985) | 425 años | Tentativa contra Policía |
| Armentia (Vitoria, 1987) | 70 años | 2 policías muertos |
| Amurrio (1985) | 39 años | Cartero Galindez |
| León (1995) | 122 años | Comandante Cortizo |
| Guggenheim (1997) | 15 años | Intento contra Rey |
Pactos políticos y consecuencias
Esta decisión se deriva de pactos entre PSOE-Bildu, fundamentales para aprobar los Presupuestos. En palabras claras del propio Arnaldo Otegi en 2021: «Si para sacar a 200 presos hay que votar presupuestos, lo haremos». Desde que el Gobierno vasco asumió competencias penitenciarias en 2021, ha concedido ya 114 terceros grados a etarras –30 bajo la dirección de San José–, lo cual equivale a uno cada once días; entre ellos se encuentran asesinos como los responsables del crimen contra José Luis López de Lacalle y Fernando Buesa. De un total aproximado de 760 etarras encarcelados, solo quedan actualmente 58 tras las rejas; además, el sorprendente dato es que el 54% de los 125 presos que hay en País Vasco disfrutan ya salidas.
Las víctimas sienten que España es única al premiar a asesinos sin mostrar arrepentimiento ni colaboración alguna. Desde la organización Covite, se critica esta falta total de merecimiento ante tales decisiones. Este goteo constante –con al menos otras veinte mejoras previstas para este año– socava la memoria histórica: entre los actuales presos etarras, solo quedan 57 sin ningún tipo de beneficio penitenciario. Si finalmente se concreta su salida el próximo 23 de marzo, ‘Anboto’ será considerada una asesina múltiple que disfrutará desde entonces del régimen semiabierto tras haber pasado más de dos décadas cumpliendo pena. Curiosamente huyó hacia Francia tras ocultar a otro etarra en 1984; sin embargo, regresó para seguir sembrando desolación. Un detalle adicional: su pareja, conocido como ‘Antza’, también condenado a veinte años en Francia, comparte con ella la paternidad de un hijo nacido durante su tiempo en el exilio.
En repetidas ocasiones, desde Periodista Digital, han analizado estos beneficios penitenciarios como un triunfo para ETA. Y otro aspecto irónico: ETA justificó el asesinato del cartero Galindez alegando su colaboración con la Guardia Civil; pero este había sido descrito por el alcalde local como «la persona más trabajadora del pueblo». Para finalizar con ironía: ahora pasea libremente aquella etarra que atentó contra un rey.
