El rearme del marido de Begoña

La ‘campaña’ contra VOX, por tierra, mar y aire, alimenta la recuperación del trilero Sánchez

Los retrasos en los acuerdos de Extremadura, Aragón y Castilla y León debilitan la narrativa del centroderecha y permiten al amo del PSOE reconstruir su posición electoral.

Sánchez, Feijóo y Abascal
Sánchez, Feijóo y Abascal. PD

La mayoría absoluta del centroderecha es contundente… de momento.

Pero da la impresión de que en algunos despachos no se ha asimilado bien el tremendo error de 2023 y se dan pasos que podrían generar amargas sorpresas.

Si hoy se celebrasen elecciones generales en España, PP y VOX superarían los 200 escaños, un resultado sin precedentes que debería consolidar el dominio político de la derecha durante varios años.

No obstante, lo que está sucediendo en la práctica cuenta una historia muy distinta.

Como si hubieran recibido instrucciones concretas, en muchos medios teóricamente no sanchistas se pdrogan los ataques al partido de Abascal y eso tiene sus efectos.

Uno, todavía incipiente, es darle algo de aire a SALF del ardillero Alvise, que cosechando unos miles de votos puede hacer un enorme agujero.

Otro son las dudas y vacilaciones.

Los retrasos en la formación de gobiernos en Extremadura, Aragón y Castilla y León han creado un vacío de poder que Pedro Sánchez y su equipo en Moncloa están aprovechando hábilmente.

Lo que parecía ser una victoria rotunda en las urnas se ha transformado en un desafío de gestión política que pone a prueba la confianza de un electorado que esperaba cambios inmediatos.

Las elecciones autonómicas en Extremadura, Aragón y Castilla y León fueron vistas como un referéndum sobre el giro ideológico del país.

Tres contundentes mayorías de PP y VOX reflejaban que los ciudadanos habían confiado el futuro del país a estas formaciones.

Sin embargo, aquí radica el problema esencial: ese mandato debe llevarse a cabo más allá de las papeletas. Hasta ahora, ambos partidos han fracasado notoriamente en esta tarea. Sin acuerdos concretos en ninguna región, el balance de las negociaciones es negativo para populares y ultraconservadores, especialmente ante sus votantes. Resulta difícil justificar ante un 60% de los votantes extremeños sin Gobierno cien días después de votar por qué no se han visto cambios palpables en sus comunidades.

El rearme de Sánchez aprovecha el caos del centroderecha

Este retraso en los pactos ha servido como el argumento ideal para alimentar el nuevo impulso de Sánchez para las generales. Sin herramientas para promocionar su labor legislativa —marcada por la falta de Presupuestos y la dificultad para sacar leyes adelante—, el presidente del Gobierno y el PSOE han comenzado a avivar nuevamente el miedo a la ultraderecha, incluida la foránea. La situación en Estados Unidos con Donald Trump tras el inicio del conflicto en Oriente Medio ha sido especialmente útil para esta narrativa. Estas estrategias están diseñadas para captar voto útil, ese mismo que puede inclinar la balanza en unas elecciones generales.

Con Podemos y Sumar fuera del juego como fuerzas políticas relevantes, Moncloa lleva tiempo ideando un nuevo enfoque para su proyecto de izquierdas. Este rearme probablemente incluirá a Gabriel Rufián y alguna plataforma más moderna que conecte con ese electorado joven desencantado. La estrategia es clara: mientras el centroderecha se ocupa de disputas sobre los detalles gubernamentales, Sánchez trabaja para reconstruir su coalición electoral desde sus cimientos.

Las encuestas revelan un PSOE en recuperación

Los sondeos indican que el ‘no a la guerra’ está impulsando al PSOE, aunque no tanto como necesitaría para aspirar a la victoria. Aun así, la tendencia es evidente. Tras coquetear con bajar de los cien escaños hace unos meses, el PSOE ahora se sitúa entre 110-115 diputados, lo cual resulta notable considerando el contexto judicial y político actual. Es cierto que el bloque de izquierdas está debilitado, pero el PSOE ha logrado salir del coma político y ya está recuperándose.

Después de dos años cerca de los 150, el PP ha vuelto a ubicarse entre los 135-140, una cifra claramente insuficiente, pese a que los 60-65 diputados que pueda obtener Vox ayudarían a aumentar esa suma. Según fuentes cercanas a Génova, el objetivo del PP es alcanzar los 150 escaños, cifra considerada ideal, pero complicada si no disminuye la influencia de Vox. Una razón potencial para que los socialistas puedan mejorar su posición es precisamente cómo percibe la ciudadanía los acuerdos gubernamentales que se están demorando. En este sentido, Vox tiene más que perder que el PP según lo afirman algunos analistas demoscópicos.

Vox entra en terreno pantanoso

Vox se encuentra en una situación delicada y pierde fuerza mientras espera qué decisiones tomará Santiago Abascal en Andalucía. La formación ultraconservadora atraviesa un momento complicado: necesita demostrar su capacidad para gobernar si quiere justificar su papel en las negociaciones; cada demora erosiona su credibilidad ante un electorado ansioso por ver cambios reales. Algunos críticos internos ya cuestionan las estrategias adoptadas por Abascal, aunque desde la dirección nacional insisten en que las negociaciones son productivas.

La ciudadanía, harta de promesas incumplidas

La población desea ver fuera al corrupto Sánchez y empieza a cansarse de unos políticos más centrados en sus intereses personales que en el futuro del país. La opinión pública parece haber asumido que el próximo Gobierno será de centro-derecha; sin embargo, esta certeza no genera entusiasmo alguno. Los ciudadanos observan con creciente frustración cómo aquellos partidos que triunfaron en las elecciones autonómicas se ven atrapados en negociaciones interminables mientras esperan soluciones concretas.

Las encuestas son claras al respecto. Si mañana tuviésemos unas elecciones generales, PP y Vox superarían esos 200 escaños históricos esperados; eso sí debería reflejarse también en las urnas. Pero recordemos lo ocurrido durante 2023: las encuestas también pueden ser herramientas al servicio de intereses partidistas específicos. Lo relevante ahora es cómo evoluciona la percepción ciudadana durante los próximos meses; todo indica que esos retrasos en formar gobiernos autonómicos podrían estar beneficiando al PSOE.

Se da por hecho que celebrar elecciones generales en 2026 sigue siendo una quimera poco probable salvo catástrofe inesperada como ocurrió hace unos meses. Pero si el centroderecha no logra cerrar sus pactos pronto, la recuperación del PSOE podría convertir esa quimera en una posibilidad tangible.

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