Por necesidad.
Podemos ha optado por humillarse ante IU para no desaparecer, también, en Andalucía.
Pablo Iglesias no tendra que besar a Yolanda Díaz y pedirle perdón, pero Antonio Maíllo estará al frente de una sopa de letras formada por Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Iniciativa del Pueblo Andaluz, Alternativa Republicana, Partido Verde, Podemos y Alianza Verde.
Por Andalucía ha logrado lo que parecía una misión imposible hace apenas dos días: mantener cohesionada la coalición de izquierdas para las elecciones autonómicas del 17 de mayo.
El pacto se selló este viernes a las 13.00 horas, justo diez horas antes del plazo legal para registrar coaliciones ante la Junta Electoral de Andalucía.
La tensión fue palpable durante toda la negociación, que comenzó el jueves por la mañana en una mesa donde los equipos negociadores estuvieron en conversaciones durante más de once horas sin llegar a un entendimiento.
Lo que inicialmente se pensó como un mero trámite administrativo se transformó en una intensa contienda política. Podemos, que había estado al margen de las negociaciones durante más de un año, decidió incorporarse en el último momento, lo que obligó a reabrir casi todas las discusiones. Aunque los morados habían permanecido dentro del grupo parlamentario de Por Andalucía durante toda la legislatura, su negativa a participar en la mesa donde se definían cuestiones estratégicas evidenciaba las tensiones profundas que recorren el espacio político de la izquierda andaluza. Las ambiciones personales y las luchas por el poder han dejado huellas difíciles de reparar.
La jornada del jueves estuvo marcada por una tensión notable. Los equipos negociadores —liderados por Toni Valero de IU Andalucía, Esperanza Gómez de Sumar y Nico Sguglia de Podemos— mantuvieron conversaciones desde la mañana del Jueves Santo, interrumpidas solo para comer y recobrar fuerzas. Cuando llegó la noche sin un acuerdo, parecía que se repetía la historia de 2022: en aquella ocasión, Podemos llegó fuera de plazo y sus candidatos tuvieron que figurar como independientes en las listas. Sin embargo, esta vez los partidos decidieron retomar las conversaciones el viernes por la mañana, conscientes del desastre que supondría no llegar a un acuerdo frente al presidente Juanma Moreno.
La pelea por puestos y sueldos
Detrás del acuerdo anunciado con cierto tono triunfalista, persisten las heridas abiertas de una negociación en la que cada partido ha buscado maximizar su influencia. La integración de Podemos no fue sencilla: según fuentes cercanas a las negociaciones, los morados aceptaron el pacto «a regañadientes», ya que consideran que no refleja el peso político que les corresponde. Esta queja pone al descubierto las verdaderas tensiones: no solo hay diferencias ideológicas en juego, sino también una lucha encarnizada por ocupar posiciones relevantes en las listas electorales y posteriormente en las instituciones.
La coalición está compuesta por siete formaciones políticas: Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Iniciativa del Pueblo Andaluz, Alternativa Republicana, Partido Verde, Podemos y Alianza Verde. Sin embargo, aún no se ha hecho público el lugar exacto que ocuparán los candidatos de Podemos en dichas listas, lo cual sugiere que esta cuestión sigue siendo motivo de discordia. Antonio Maíllo, líder de IU, encabezará la candidatura por Sevilla, mientras que Esperanza Gómez, coordinadora general de Sumar, liderará por Cádiz. Estos nombramientos reflejan un equilibrio alcanzado entre los partidos, aunque claramente no satisface por completo a todos.
Las aspiraciones de la izquierda andaluza van más allá de simplemente participar en los comicios. El objetivo declarado es «echar a Moreno Bonilla y sus políticas desde la Junta de Andalucía», pero detrás de esta consigna aparentemente unificadora se esconden proyectos políticos distintos y hasta contradictorios. Cada formación desea ser considerada como la más relevante dentro de la coalición, aspirando a ocupar carteras ministeriales clave si logran ganar y consolidar su posición como referente dentro del espectro político andaluz para futuras elecciones. La negociación ha evidenciado que estas ambiciones rara vez son compatibles y que el acuerdo alcanzado es más bien un armisticio que una verdadera confluencia ideológica.
El escenario electoral: esperanzas y realidades
Las encuestas recientes ofrecen una imagen compleja para la izquierda andaluza. Según los últimos sondeos, Juanma Moreno conservaría su mayoría absoluta, aunque con menor fuerza respecto a junio de 2022. El PP podría situarse entre 54 y 57 escaños dependiendo del instituto encargado del sondeo, permitiéndole gobernar sin apoyos externos. Por su parte, el PSOE bajo el liderazgo de María Jesús Montero, ha visto descender su intención de voto del 24,1% al 22,7%, lo cual implica una pérdida considerable en representación parlamentaria.
Por Andalucía aparece con cifras modestas en los sondeos actuales. Si bien obtuvo un 7,7% en 2022, ahora se sitúa entre el 5,9% y el 8,4% según los sondeos recientes; esto podría traducirse en entre 4 y 6 escaños. Estas cifras son notablemente inferiores a lo necesario para desempeñar un papel crucial en formar un gobierno alternativo. Vox también mantiene una presencia electoral destacada con intenciones oscilando entre el 13,6% y el 17,7%, dependiendo del estudio realizado.
El panorama planteado por las encuestas resulta desalentador para la izquierda. Incluso sumando todos los votos del PSOE y Por Andalucía no alcanzarían los 109 escaños necesarios para lograr mayoría en el Parlamento andaluz. Esto indica que aunque logren presentar una candidatura conjunta sus posibilidades para acceder al gobierno son prácticamente inexistentes bajo estas circunstancias actuales. No obstante, cabe mencionar que las dinámicas electorales pueden transformarse en las semanas venideras; tal vez esta unidad pueda movilizar a un electorado desalentado tras los resultados del año pasado.
La consulta a la militancia y el apoyo interno
Podemos llevó a cabo una consulta exprés entre sus militantes sobre su integración en Por Andalucía; el resultado fue favorable con un respaldo del 81,4%. Este alto porcentaje indica que pese a las reservas manifestadas por parte de su dirección respecto al acuerdo finalizado, la base considera prioritaria mantener unidad entre fuerzas izquierdistas. Sin embargo, este apoyo no debe ser interpretado como entusiasmo desenfrenado; más bien refleja una aceptación pragmática ante la necesidad imperiosa de presentar un frente común contra el dominio del PP en Andalucía.
La coalición ha enfatizado que todas las fuerzas políticas participan «en igualdad» dentro de esta candidatura, aunque parece evidente que esta igualdad es más formal que real. IU ha logrado posiciones prominentes como formación más consolidada e institucionalmente presente en Andalucía; Sumar también asegura lugares relevantes gracias al respaldo del Gobierno central. Mientras tanto, Podemos ha conseguido mantener su representación dentro esta coalición aunque sin contar con garantías suficientes.
El acuerdo alcanzado este viernes representa un punto decisivo para la política andaluza. A pesar de sus divisiones internas profundas, la izquierda ha demostrado ser capaz cerrar filas cuando siente amenazada su posibilidad electoral. Sin embargo, esas fisuras aún están presentes; así pues, llegará pronto una prueba crucial cuando sea necesario negociar cómo se repartirá el poder dentro esta coalición tras las elecciones. Por ahora prima frenar al PP; pero hay algo claro: las ambiciones personales seguirán siendo protagonistas indiscutibles dentro del ámbito político andaluz.
