Con la picha afuera.
Arnaldo Otegi ha verbalizado esta semana lo que todos sabemos pero que la ‘brunete pedrete’ se empeñan en negar: que a EH Bildu le conviene que Pedro Sánchez siga en La Moncloa.
«Es una ventana de oportunidad», dijo el líder abertzale sin demasiados rodeos.
Para los herederos de ETA, la continuidad del presidente socialista, a pesar de los escándalos de corrupción, del deterioro acelerado de su imagen, de la falta de vivienda o de la pérdida de poder adquisitivo de los españoles, es preferible a cualquier alternativa que implique al PP y a VOX en el poder.
La declaración es llamativa tanto por su franqueza como por el momento en que las hace, con el líder del PSOE hasta la ceja por la corrupción de su Ejecutivo, su partido y su círculo íntimo.
Pero lo verdaderamente revelador no es lo que Otegi dijo esta semana sino lo que los últimos ocho años demuestran: independentistas, separatistas y el entorno heredero del terrorismo de ETA han obtenido de Sánchez más concesiones, más transferencias de poder y más reconocimiento institucional que en ninguna otra etapa de la democracia española desde la Transición.
Estas declaraciones han hecho que Rosa Díez, exdirigente del PSOE y fundadora de Unión Progreso y Democracia, muestre toda su indignación con una dura reflexión en su perfil de la red social X (antes Twittter).
Y lo hace con una claridad tremenda: la mayor iniquidad de Zapatero y Sánchez ha sido el abrazo a quienes nunca han condenado a los asesinos de ETA y que utilizan las instituciones democráticas que esos asesinos intentaron destruir para avanzar hacia los mismos objetivos por otros medios.
Un terrorista, abogado de la defensa de Pedro Sánchez. Por si alguien aún duda del lado de la historia en la q P.S. ha situado al PSOE y al Gobierno de España tomando el relevo a Zapatero q decidió liquidar la transición y caminar con los q tienen las manos manchadas de sangre. https://t.co/ReHKEhiWNW
— Rosa Díez (@rosadiezglez) June 9, 2026
La geometría del chantaje
Las declaraciones del bilduetarra ilustra perfectamente lo que han sido estos ocho años de Gobierno de Sánchez y lo que ha significado para el independentismo y el separatismo vasco y catalán: el período de mayor avance institucional desde el Estatuto de Gernika y el Estatuto de Sau. No gracias a la fuerza de sus argumentos ni al apoyo de una mayoría social española, sino gracias a la necesidad aritmética de un presidente sin ningún límite ético ni moral que ha necesitado sus votos para sobrevivir cada presupuesto, cada decreto y cada reforma.
El mecanismo que explica por qué Sánchez ha cedido sistemáticamente es simple: tiene la mayoría parlamentaria más frágil que ha tenido ningún gobierno español desde la Transición, y cada voto de cada socio es literalmente insustituible.
Sánchez y sus cómplices. Para quien se alía con terroristas y comparte objetivos políticos robar es peccata minuta… https://t.co/hPWouGKUM0
— Rosa Díez (@rosadiezglez) June 10, 2026
En esa situación, el poder de cada socio es máximo: basta con amenazar con retirar el apoyo en una votación determinada para extraer una concesión. Y los socios de Sánchez han aprendido a usar esa palanca con una eficacia que ningún lobby empresarial o grupo de presión convencional podría igualar.
Otegi lo describe esta semana sin disimulo: no van a pedir elecciones porque eso les perjudica. Necesitan a Sánchez en La Moncloa para seguir extrayendo beneficios. Y Sánchez necesita a Bildu para seguir en La Moncloa. Es una relación de dependencia mutua donde el que tiene más urgencia por sobrevivir paga el precio más alto.
La diferencia con una relación entre partidos con proyectos compatibles es que aquí no hay proyecto común. Bildu quiere la independencia del País Vasco y la Comunidad Foral de Navarra. Junts quiere la independencia de Cataluña. ERC también. Ninguno de esos objetivos es compatible con el Estado que Sánchez supuestamente preside. Pero la supervivencia política a corto plazo puede más que cualquier incompatibilidad programática a largo plazo.
Lo que Bildu, Junts, ERC y el PNV han extraído de Sánchez
El catálogo de lo entregado es largo y merece repasarse con detalle porque la suma es más impactante que cada pieza por separado.
EH Bildu ha pasado en ocho años de ser una fuerza marginal en la política española a ser uno de los socios más consultados del Gobierno. Ha logrado que el PSOE negocie con ellos la renovación del Pacto Antiterrorista, que durante décadas fue el cordón sanitario entre los partidos constitucionalistas y el entorno de ETA. Ha conseguido que ministros del Gobierno asistan a actos conjuntos con representantes de una formación cuyos dirigentes se niegan sistemáticamente a condenar los 853 asesinatos de la banda terrorista. Ha obtenido mejoras en las condiciones penitenciarias de presos de ETA, el acercamiento de reclusos a cárceles del País Vasco y Navarra y la progresiva normalización de su presencia en las instituciones del Estado que costó décadas de sangre construir.
Otegui y De Quincy pic.twitter.com/kcHZL7Dz3x
— Nicolas Redondo Terreros (@RedondoTerreros) June 10, 2026
ERC y Junts negociaron a cambio de sus votos de investidura y de su apoyo parlamentario continuado algo que habría parecido impensable en cualquier legislatura anterior: la Ley de Amnistía que beneficia directamente a los líderes del proceso independentista catalán, incluido Carles Puigdemont, que organizó un referéndum ilegal en 2017 y huyó de la justicia española a Bélgica desde donde ha dirigido las negociaciones con Moncloa. Sánchez entregó la amnistía para los mismos delitos que su propio Gobierno había defendido durante años que debían ser perseguidos.
El PNV lleva décadas siendo el partido que más ha cobrado por su apoyo al Gobierno central de turno, pero bajo Sánchez las transferencias económicas al País Vasco y las concesiones en materia de competencias han alcanzado cotas que los propios dirigentes jeltzales reconocen en privado como históricas.
Esquerra Republicana obtuvo la mesa de negociación sobre el referéndum de autodeterminación de Cataluña que ningún gobierno anterior había concedido. El BNG obtuvo en Galicia compromisos que refuerzan el estatus del gallego y transfieren competencias desde el nivel central. Bildu en Navarra ha visto cómo el Gobierno de Sánchez ha mirado hacia otro lado ante el avance del independentismo navarro en los ayuntamientos de la Comunidad Foral.
El problema de las concesiones acumuladas durante ocho años no es solo político. Es institucional y difícilmente reversible. Las competencias transferidas no vuelven. Las amnistías concedidas no se deshacen. Los marcos de negociación abiertos crean precedentes que los siguientes gobiernos heredan. Y los socios que han aprendido que el chantaje funciona no van a olvidar esa lección cuando llegue el siguiente gobierno que necesite sus votos.
Otegi dice que Sánchez es una ventana de oportunidad. Lleva razón. Han pasado ocho años por esa ventana. Y lo que han sacado por ella no lo devuelve ninguna legislatura futura sin un coste político que ningún partido está dispuesto a pagar.
La ecuación que el terrorista condenado describe con tanta frialdad esta semana es exactamente la misma que ha funcionado durante ocho años. La diferencia es que ahora la dice en voz alta porque ya no necesita disimularla.
