LA PREOCUPACIÓN MONCLOA ANTE MADRID

La ‘Ayusitis’ de Sánchez al descubierto: sus whatsapps con Ábalos retratan su miedo a Ayuso

Los intercambios de 2021 dejan al desnudo la obsesión del presidente socialista con la mujer que le ha dado más palos que nadie

La ‘Ayusitis’ de Sánchez al descubierto: sus whatsapps con Ábalos retratan su miedo a Ayuso

Hemos descubierto que la política española tiene una peculiar costumbre que hasta hace poco desconocíamos: las grandes estrategias nacionales quedan resumidas en mensajes de móvil. Los intercambios entre Pedro Sánchez y José Luis Ábalos durante la precampaña de las elecciones madrileñas de mayo de 2021, ahora divulgados por OKDiario, dejan claro algo que en La Moncloa nunca han querido reconocer públicamente: Isabel Díaz Ayuso no era para el presidente una rival autonómica más.

Era, y sigue siendo, una pesadilla política de primer orden que no ha dejado de crecer desde que llegó a la Puerta del Sol.

«La candidatura de Ayuso es en clave nacional», escribía Sánchez a Ábalos en esos chats. No era una observación analítica desapasionada. Era el reconocimiento, en privado y con la guardia baja, de que lo que ocurría en Madrid amenazaba directamente el proyecto político del PSOE a nivel nacional. Que una presidenta autonómica pudiera quitar el sueño al presidente del Gobierno dice tanto sobre la debilidad de Sánchez como sobre la fortaleza de Ayuso.

Los palos que Ayuso le ha dado al amo del PSOE

La historia de la relación política entre Sánchez y Ayuso es, en esencia, la historia de una serie de golpes que la presidenta madrileña ha ido asestando al presidente con una eficacia que ningún otro líder del PP, ni Feijóo, ni Casado, ha igualado.

El primero y más demoledor llegó en las elecciones del 4 de mayo de 2021. Sánchez disolvió la Asamblea de Madrid en un momento que su equipo consideró favorable, esperando que las divisiones de la derecha y el impulso de la izquierda produjeran un gobierno de coalición progresista en la comunidad más importante de España. Ayuso convirtió esa elección en un plebiscito sobre la libertad frente al control, el modelo Madrid frente al modelo Sánchez, y arrasó. El PSOE de Ángel Gabilondo quedó empatado en escaños con Más Madrid, un resultado catastrófico que reflejaba el hundimiento del voto socialista en su principal bastión urbano.

El resultado fue tan humillante que el propio Sánchez llamó a Ábalos para reprocharle su «falta de pulso político en Ferraz«, según revelan los chats. El ministro más poderoso del Gobierno recibía una reprimenda del presidente porque Ayuso les había dado una paliza que ninguno esperaba de esa magnitud.

El segundo golpe llegó durante la pandemia. Mientras el Gobierno de Sánchez centralizaba decisiones, restringía libertades y pedía sacrificios uniformes a toda la población, Ayuso apostó por mantener abiertas las terrazas, defender el ocio y la hostelería y posicionarse como la defensora de una normalidad que millones de personas anhelaban. Esa apuesta, que el Gobierno ridiculizó como irresponsable, conectó emocionalmente con una parte de la sociedad española que el sanchismo nunca supo cómo recuperar.

El tercero fue fiscal. Madrid se convirtió bajo Ayuso en el territorio con menor presión fiscal de España, atrayendo residentes y empresas de otras comunidades y demostrando que la competencia fiscal en un país descentralizado es posible y que tiene un impacto electoral positivo para quien la practica. Sánchez respondió con ataques que Ayuso convirtió en publicidad gratuita: cada crítica del presidente era una razón más para que los madrileños se sintieran orgullosos de su presidenta.

El cuarto fue la gestión de la imagen internacional. Ayuso ha viajado, ha dado conferencias, ha construido relaciones con líderes conservadores de otros países y ha proyectado una imagen de Madrid como capital europea de referencia que contrasta con la imagen de La Moncloa durante los años de los juicios, las cloacas y los sumarios acumulados.

La ayusitis en los chats: un diagnóstico confirmado

La jerga política había acuñado ya el término ayusitis para describir la obsesión del sanchismo con Isabel Díaz Ayuso antes de que los chats con Ábalos salieran a la luz. Lo que los mensajes añaden es la evidencia de que esa obsesión no era una percepción externa sino una realidad que el propio Sánchez alimentaba en privado.

Los síntomas de la ayusitis son reconocibles en cualquier intervención pública del presidente que mencione a la presidenta madrileña. La magnificación del adversario: «la candidatura de Ayuso es en clave nacional» no es el análisis de alguien que ve a una rival autonómica sino de alguien que ve en ella una amenaza existencial. La necesidad de movilizar recursos desproporcionados: exigir a Ábalos, el ministro más importante del Gobierno, que se concentre en frenar a la presidenta de una comunidad autónoma. Y la incapacidad de construir un relato propio que no pase por definirse en oposición a ella.

Esa obsesión tiene efectos colaterales que el sanchismo no ha sabido controlar. Potencia el protagonismo de Madrid dentro del panorama político. Polariza el debate entre los modelos representados por Ayuso y Sánchez incluso cuando se abordan temas autonómicos ajenos a la Comunidad. Y convierte cada cita electoral en un ensayo general sobre cómo reacciona el sanchismo ante el «efecto Ayuso«.

Ábalos como ejecutor y la reprimenda que viene antes de la caída

Los chats revelan también el estado interno del PSOE en aquel momento. Sánchez reprocha a Ábalos su falta de reflejos políticos y le exige más contundencia desde Ferraz para frenar el avance de Ayuso. La reprimenda es significativa porque viene de un presidente que ya entonces percibía que la maquinaria del partido no estaba respondiendo con la velocidad y la eficacia que la amenaza madrileña requería.

Que el ministro más poderoso del Gobierno, el hombre que durante años fue el número dos indiscutible del sanchismo, recibiera esos reproches por no haber sabido frenar a Ayuso dice mucho sobre la magnitud del golpe que la presidenta le había asestado al PSOE en su propio territorio.

Ábalos fue destituido poco después. La lectura que el entorno del presidente hizo de los resultados del 4 de mayo incluyó la percepción de que la dirección orgánica del partido había fallado. Ese fallo se personalizó en buena medida en Ábalos, que pagó políticamente el precio de una derrota ante Ayuso que ni él ni el propio Sánchez supieron evitar.

La dinámica que no tiene solución fácil

Lo más revelador de los chats no es lo que dicen sobre Ayuso sino lo que dicen sobre Sánchez. Un presidente que necesita advertir a su ministro más importante de que la candidatura de una presidenta autonómica «es en clave nacional» está reconociendo implícitamente que no tiene las herramientas para neutralizarla por los cauces habituales del debate político.

Cada ataque del Gobierno a Ayuso ha fortalecido a Ayuso. Cada intento de presentarla como la cara radical de la derecha ha amplificado su perfil nacional. Cada campaña destinada a desgastarla la ha dado más visibilidad. Y cada paliza electoral en Madrid ha consolidado su posición como la líder del PP con mayor capacidad de movilizar voto propio y de desmovilizar al electorado del PSOE en la comunidad más habitada de España.

La ayusitis de Sánchez no es una estrategia. Es el síntoma de quien no ha encontrado la cura para un problema político que lleva años empeorando.

Y los chats con Ábalos son el diagnóstico escrito de su propio puño y letra.

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