Sánchez Llibre, otro nacionalista radical como Laporta

La rojigualda, prohibida en el nuevo estadio del Español

La afición perica está de uñas porque se están ninguneando las señas de identidad del club

Sánchez Llibre ha dado un violento volantazo hacia el independentismo

Fotógrafos a sueldo retratan a todo aquel que las exhibe. Un grupo de aficionados se ha movilizado contra esta política. La directiva que preside Daniel Sánchez Llibre está en una deriva nacionalista radical similar a la de Laporta en el Barcelona. Desde el club hay una orden tajante que no admite matices: no se puede ver una sola «mancha» española en el graderío.

El pasado 28 de octubre, el Real Club Deportivo Español cumplió 109 años sumido en una lucha intestina entre aficionados y directiva por conservar su identidad. Esta convulsión está provocada por el giro al catalanismo impulsado por el presidente Daniel Sánchez Llibre y varios accionistas y consejeros de su misma cuerda política, que tratan de arrancar a la entidad de sus raíces españolas para plantarla en el abonado terreno del independentismo.  

Como recuerda La Gaceta, en Barcelona, en los albores del siglo XX, un estudiante barcelonés de ingeniería, Ángel Rodríguez, se unió a Octavi Aballí y Lluis Roca para fundar la Sociedad Española de Football. La nomenclatura era un fiel reflejo de la intencionalidad. Y es que los tres equipos de la ciudad (Football Club Barcelona, Catalá FC e Hispania FC) estaban compuestos exclusivamente por extranjeros.  

Con vocación de españolidad nació el Español de Barcelona. Catalán, a mucha honra, pero de España a mayor gloria.

LOS DEL BERBERECHO 

Un siglo más tarde, la bandera rojigualda no tiene sitio en el recién inaugurado estadio de Cornellá. Ha sido expulsada como se patea a un indeseable de una propiedad privada. Tras una centuria impregnado de su filosofía primigenia, el Español es ahora un club controlado por el llamado Grupo del Berberecho al 52% desde que le compraran sus acciones a la familia Lara y  tras aprovechar una ampliación de capital. Este grupo está formado por Daniel Sánchez Llibre, dueño de conservas DANI y hermano del diputado de CiU Josep Sánchez Llibre, ambos catalanistas hasta la médula; Ramón Condal, reconocido catalanista y propietario de la cadena de supermercados Condis, y Josep Ciprés, independentista radical. Éste último llegó a proponer en una reunión de peñas cambiar el nombre de RCD Espanyol a Atletic Catalá, pero fue duramente reprobado y se tuvo que envainar la propuesta, informa La Gaceta.   

EL DATO

  • Sánchez Llibre ha dado desde que se hiciera fuerte entre más de 11.000 pequeños accionistas un violento volantazo hacia el independentismo. Rezaba una pancarta en el recién estrenado estadio de Cornellá, durante el partido ante el Tenerife: “Quien olvide su pasado pierde sus orígenes”. La afición perica está de uñas porque se están ninguneando las señas de identidad del club.  

Sánchez Llibre se puso al frente del club blanquiazul hace 12 años, en 1997, y consiguió sanear su situación económica con la demolición y venta de los terrenos del estadio de Sarriá, convirtiendo después a la entidad en una Sociedad Anónima Deportiva.

Hasta hace bien poco se había mantenido relativamente al margen de cualquier tentación relacionada con la utilización política del club, pero su creciente presencia en el accionariado, junto con el apoyo de sus palmeros afines, comiéndole terreno al llamado pedigree perico (encabezado por la familia Perelló junto con los hermanos Malet o Suñer) le han armado hasta los dientes. Siempre desde la sombra, pues prefiere no dar la cara en estos asuntos según fuentes españolistas bien informadas, ha puesto al consejero delegado Josep Collet -otro día hablaremos de este personaje- y a Ciprés a predicar la nueva imagen catalanista del club.  

FUERA BANDERAS

En Cornellá no se ven banderas españolas. Nunca se han visto. Es una de las cosas que ha cambiado con el cambio de domicilio del equipo catalán. Desde el club hay una orden tajante que no admite réplicas ni matices: no se tolera ni una sola mancha rojigualda en el graderío.

Los argumentos esgrimidos son peregrinos y aluden a que se tapan carteles publicitarios o salidas de emergencia, pero lo cierto es que la senyera (el único símbolo que une al españolismo) y la estelada (la bandera independentista) no son retiradas. Teniendo en cuenta que las gradas blanquiazules se han caracterizado siempre por su marcado tinte español, alejado del independentismo radical que cada vez hace más ruido en Cataluña, el malestar entre la afición es mayúsculo. También, según cuentan desde la plataforma Espanyol, Futuro y Tradición, surgida para luchar contra la deriva radical de Sánchez Llibre al frente del club, se ha prohibido la utilización del escudo original del Español así como del escudo anterior al de 1995, que es el que se emplea ahora. La excusa dada por José Manuel Moya, consejero de seguridad del club, es ridícula: arguye que el escudo del Espanyol con los colores amarillo y rojo es preconstitucional. Cuando se le informó de que era el primer escudo del club, se quedó a cuadros. No tenía ni idea. Lo cierto es que la única simbología que se puede ver cada día en Cornellá y que vulnera la ley del deporte, porque incita a la violencia, es la bandera estelada o independentista catalana.  

MONTAJE BOCHORNOSO 

El malestar en la mal denominada guerra de banderas (porque la ley es muy clara) es profundo desde que, en el calendario oficial con el que el club felicita el nuevo año a sus socios, se borraran con photoshop, pero de manera un tanto rústica, las banderas españolas que aparecían en  una foto de la grada (ver imagen).      

Fue el primer paso hacia la erradicación de cualquier vestigio de españolidad, aunque por aquel entonces todavía se permitían las banderas rojigualdas entre el público. Una de las enseñas que más presencia ha tenido siempre en el estadio Olímpico de Montjuic (rebautizado a Lluis Companys con fines catalanistas) ha sido la española con el anterior escudo en el centro. Pues éstas son ahora retiradas porque, según el club, vulneran sus derechos de propiedad. El argumento no puede ser más chabacano, ya que no comete falta ni delito el portador sino aquel que reproduce y se lucra con la reproducción de símbolos sobre los que no tiene los derechos. Los empleados de seguridad del club tienen ahora la obligación de impedir la entrada de cualquier bandera española y retirar las que se cuelen dentro.      

Esto no evitó que en el Gol  Norte  se pudiera leer una pancarta en el partido ante el Real Madrid que decía que “El Español no es España”. Estos mensajes, que vulneran  el orden constitucional, sí tienen cabida en el nuevo Español. 

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