Artur Mas asume el discurso radical en Cataluña

El ‘por si acaso’ del PP deja a CiU las manos libres

La crisis de los socialistas y la 'comprensión' de los populares dejan al gobierno nacionalista sin apenas oposición

El 'por si acaso' del PP deja a CiU las manos libres
Artur Mas. EP

Hay quien apuesta por celebrar un referendo oficial dentro de ocho años, al estilo Quebec

Autodeterminación, consultas sobre la independencia, concierto económico, pancatalanismo, insumisión al Constitucional en materia lingüística, embajadas en el exterior…

Las maneras que apunta CiU no ocultan su propósito de apoderarse de la bandera nacionalista e independentista que ERC ha soltado gracias a su actual irrelevancia política.

La exigencia de un concierto económico, la votación de iniciativas independentistas o la multiplicación de multas por vulneraciones «lingüísticas» configuran el ADN de CiU.

Lo peor es que no se trata de una pose o de una simple sobreactuación para agradar a su electorado más radical.

Artur Mas está realimentando el victimismo identitario que durante ocho años cultivó el tripartito con resultados desastrosos para Cataluña. CiU parece no haber aprendido del fracaso de aquella lección.

La acción de gobierno de Artur Mas es un perfecto calco del programa electoral de cualquiera de los partidos que forman parte del mundo independentista catalán.

Y pese a las advertencias de algunos nacionalistas críticos con el secesionismo que promueve el núcleo duro del presidente, lo cierto es que el líder de CiU ha dejado sin discurso a ERC, Solidaritat Catalana per la Independència (SI) y Reagrupament, principales representantes de un mundo separatista cada vez más atomizado.

Explica María Jesús Cañizares en ABC que el reciente apoyo de CiU a la moción de SI en la que se invoca la «autodeterminación como un derecho inalienable del pueblo de Cataluña», precedida por la decisión de los nacionalistas de permitir con sus votos que el Parlamento catalán tramite una proposición para proclamar la independencia de forma unilateral, neutraliza la oposición de sus rivales soberanistas.

Si a esto se une la decisión del PP de moderar sus críticas hasta las elecciones generales -los guiños entre populares y nacionalistas en materia económica se han intensificado en los últimos días- y la crisis del PSC, es lógico pensar que Mas tiene garantizado un cómodo mandato en los próximos dos años.

La única oposición real, la ejerce en estos momentos Ciutadans. Su líder, Albert Rivera, critica los «delirios» secesionistas de SI y denunció que «estamos en un Parlamento en el que es imposible aprobar una ley electoral catalana, pero sí proclamar la autodeterminación».

Mientras, miembros del gobierno  de Mas, muy moderaditos en apariencia, confían en que, socialmente, se consolide la tendencia al independentismo que reflejan las encuestas y hay quien apuesta por celebrar un referendo oficial dentro de ocho años, al estilo Quebec.

CERCO AL ESPAÑOL EN CATALUÑA

La Generalitat catalana continuó durante 2010 su persecución contra los comerciantes que eligen el idioma español para rotular sus establecimientos.

Más de ochocientas sanciones es el balance anual de una política que conculca los derechos constitucionales y que vuelve a revelar -a través de cifras que obligan a la reflexión- el totalitarismo nacionalista impuesto desde el Gobierno regional para desterrar el castellano de la vida pública.

Ni una sola multa por expresarse en el idioma de todos puede ser amparada en un sistema cuyos pilares democráticos ceden cuando se atenta, de forma recurrente y organizada, contra un derecho fundamental.

 

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