Secretario general, presidente y candidato.

MADRID, 26 (OTR/PRESS)

El día 2 de abril se celebra el comité federal del PSOE. Alrededor de él se han disparado las especulaciones sobre la posibilidad de que en ese acto el presidente del Gobierno anuncie su renuncia a ser el candidato del PSOE en las próximas elecciones. Como este asunto -el de la candidatura de Zapatero- se ha manejado con tan poco talento por él mismo, los desmentidos sobre la expectación del anuncio no tienen crédito y la baza de que es el presidente quien decide -en contra del recordatorio de Felipe González que le recordó que él, Zapatero, no es dueño de la decisión de ser candidato- ha inundado y se ha establecido en la opinión pública y en el propio partido.

Algunas consideraciones: si finalmente el candidato no es Zapatero, anunciarlo el día 2 de abril sería invalidar la campaña electoral de la elecciones municipales y autonómicas que se convertirían de hecho en unas primarias para la elección de sucesor, habida cuenta sobre todo de la irresponsabilidad de algunos líderes y lideresas del PSOE, fundamentalmente Carme Chacón, que demuestran mucha más prisa por ocupar posiciones en la sucesión que por los intereses generales del partido. No hay ejercicio de responsabilidad, precisamente.

En segundo lugar, pretender que Zapatero siga de presidente -cuasi en funciones- y de secretario general disminuido, parece a todas dudas un disparate. La bicefalia que se ensayó en época del candidato Borrell debiera haber sido una vacuna para tal espanto.

Lo lógico sería abrir el debate de la sucesión total de Zapatero después de las elecciones autonómicas en todos los frentes en donde es dirigente. Un líder invalidado como candidato difícilmente tiene capacidad para dirigir un partido con legitimidad. Un congreso que devolviera la soberanía a los militantes, que eligieran una comisión ejecutiva y un secretario general que al mismo tiempo fuera candidato a la presidencia del Gobierno, sería la solución imprescindible para un partido en bancarrota en donde las prácticas del zapaterismo personalista le ha llevado al borde del precipicio en espera de que el presidente del Gobierno de un paso más y se cargue las escasas posibilidades que tiene su partido en las elecciones municipales y autonómicas. El paso siguiente sería la disolución de Las Cortes o el acto de investidura del nuevo secretario general del PSOE como presidente del Gobierno para acabar la legislatura con autoridad.

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