¿A qué está jugando el Honorable President?

La pancarta que faltó en la Diada: «Cataluña, colonia de Europa»

El éxodo que diseña Más no conduce a la tierra prometida

«Desde hace 500 años, los catalanes hemos sido imbéciles ¿Se trata pues de dejar de ser catalanes? No, sino de dejar de ser imbéciles»

Con esta frase de Joan Sales, escritor, poeta, traductor y editor catalán, reproducida por Mónica Terribas, ex Directora General de TV3, ante 10 mil asistentes al acto institucional de la Diada 2012, se desataron los primeros gritos de independencia que luego crecieron y se multiplicaron por las calles de Barcelona.

El periódico La Vanguardia, describía  ese acto oficial en el Parc de la Ciudadella como el epicentro del terremoto político, mediático y sociológico que sacudió a España.

Más tarde o más temprano, según las proféticas palabras del autor de «Incerta glòria», los catalanes tenían que acabar llegando a la misma conclusión que los clientes de esa multinacional de electrodomésticos que ha inventado el diluvio universal publicitario: «yo no soy tonto»

Pero, ¿ha sido este el preludio del gran terremoto que se aguardaba en el Estado español, como se aguarda desde hace años el gran terremoto en el Estado de California? ¿Se ha movido la falla de San Andrés de Cataluña o sólo ha sido un movimiento de ficha de Artur Más en esa interminable partida de ajedrez entre Barcelona y Madrid?

Catálogo reducido del talento catalán

Que los catalanes no son imbéciles, aunque Joan Sales instalase en ellos la duda con la sana intención de espolearles, lo ratifican generaciones y generaciones de políticos, de pensadores, de empresarios, de poetas, de escritores, de pintores, de científicos, de arquitectos, de deportistas que han dejado y que siguen dejando al mundo con la boca abierta.

De Josep Pla a Juan Marsé, de Cambó a Pujol, de Torras (el Eiffel catalán) a Gaudí, pasando por el elenco de pioneros emprendedores del textil, de la automoción, del transporte, de la banca, de la industria química, del turismo, con paradas para contemplar un reloj fundido de Dalí, un sol naif global de Miró, un acorde de Casals, una caricatura escénica genial de Boadella, la ciudad de los prodigios de Mendoza, el detective Carvalho de Montalbán, un mate exportable de Gasol o esa cabeza de Xavi Hernández que ha transformado el fútbol en geometría, por citar esporádicos paradigmas de toda naturaleza en el último siglo y medio, ni el «españolista» más fanático o más tonto puede dudar del talento que ha brotado a orillas de ése pedazo de España, donde nace nuestro productivo sol, que riega el Mediterráneo.

Una Diada contradictoria

Despejada pues cualquier incertidumbre sobre la inteligencia individual y colectiva del pueblo catalán, que no se enfaden si la Diada del 11 de septiembre de 2012 deja al descubierto algunas contradicciones:

1.- Si quieren ser un Estado de pleno derecho en Europa, ¿cómo se las arreglarían para exigirle a Bruselas plena autonomía Fiscal?

2.- Teniendo en cuenta que en UE se cuece, como condición sine qua non, la unificación fiscal, ¿cuánto tardaría el Honorable de una hipotética Cataluña independiente en plantearle a Bruselas el mismo dilema que el actual Honorable le ha planteado a Madrid: «o pacto fiscal o independencia»

3.- O la pancarta que ayer encabezaba la manifestación, «Cataluña, Estado de Europa», iba de farol, o un millón y medio de catalanes prefieren ser colonia de Europa, antes que Comunidad Histórica de España.

4.- Con los hipotéticos hombres de negro de Montoro siempre queda el recurso de la negociación en el Congreso de los Diputados, que tan buen resultado les ha dado siempre a los Duran i Lleida de turno. Pero, con los hombres de negro de la Troika, no hay CIU, ni Esquerra, ni amago de pinchar la pelota que valga. Los delirios de euroestadista soberano de Artur Más, se aplacarían con sendas conversaciones con Samaras en Atenas y Passos Coelho en Lisboa.

5.- ¿A qué está jugando el Honorable President? Mejor dicho: ¿con quién está jugando? ¿Sólo con el gobierno acorralado de Rajoy y el resto de los españoles, o también con los propios catalanes, con su pueblo y su gente, obcecados por el rechazo a lo malo conocido, o sea, el Estado español, y aferrados al clavo ardiendo de los eurobueno por conocer que, como dice el sabio refrán, siempre resulta peor?

La alternativa al hispanoescepticismo es «el paso de la oca»

No parece que los catalanes hayan sido imbéciles durante 500 años, como aseguraba Joan Sales. Pero en el caso hipotético de que piensen que lo han sido, en una visión subjetiva de la historia, se puede coincidir con el escritor en que «no se trata de que dejen de ser catalanes», pero parece evidente que se debe discrepar del camino que han elegido para intentar dejar de sentirse imbéciles.

Es esperpéntico intentar resolver esa mezcla de hispanofobia e hispanoescepticismo, echándose en los brazos de la madrastrona Europa. Fuera del descafeinado marco constitucional español hace mucho frío, escasean los traspasos de competencias y hacen desfilar a los pueblos al paso de la oca ¿Quo Vadis, Artur Más? ¿Qué éxodo le está usted organizando a su pueblo, sabiendo, como sabe, que al final no hay tierra prometida?

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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