La lluvia que cayó este martes por la tarde en buena parte de Cataluña dio un baño de realidad de algunos. Quiso Artur Mas caldear las calles en respuesta a la decisión del Tribunal Constitucional de suspender la consulta del 9-N y se encontró con un ambiente más bien tibio.
Con su llamamiento a desbordar los ayuntamientos de toda Cataluña a partir de las 19 horas, esperaban la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural un éxito de convocatoria tal vez parecido al de la pasada Diada. Pero se quedaron muy lejos de conseguir una fotografía histórica.
En la plaza de Sant Jaume de Barcelona se reunieron más de 5.000 personas y otros cuantos centenares en las calles aledañas. Y fue la más numerosa. Ni siquiera en los ayuntamientos gobernados por CiU cuajó la convocatoria: en Vic, unas 3.000 personas; no más de un millar en Olot y en Ripoll; y en Manresa, en torno a 2.000. Y así sucesivamente.
Desde la organización culparon entre otras cosas al partido de Champions del Barça contra el PSG del más que discreto resultado de las convocatorias.
En varias de ellas los manifestantes corearon Els Segadors. «Atrás esta gente tan ufana y tan soberbia», dice su letra, que venía al pelo en un día marcado por la demanda del PSOE contra Jordi Pujol ante la Fiscalía General del Estado por la «soberbia y prepotencia» exhibida en la comparecencia del viernes en el Parlament. Y por la denuncia de Ciudadanos ante la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña también contra el expresident.
La decisión de Mas de suspender la campaña institucional sobre la consulta del 9-N fue el inicio de su rendición. Por más que el portavoz de la Generalitat, Francesc Homs, se apresurara a aclarar que «la partida no ha acabado», pretendiendo mantener con respiración asistida una consulta que da sus últimas bocanadas.
Los siguientes pasos son recurrir la suspensión ante el Tribunal Constitucional y reunirse esta misma semana con los partidos proconsulta, ERC, ICV y CUP.
Desde La Moncloa miraban con atención las manifestaciones de este martes en caliente como termómetro del ambiente en Cataluña tras el fallo del alto tribunal. Y, pese a los esfuerzos de TV3 por lograr tiros de cámara generosos con el número de manifestantes, el resultado fue evidente.
En el Senado, el portavoz de CiU, Josep Lluís Cleries, insistió ante Mariano Rajoy en que es «inaudito» que se impida votar a los catalanes para que digan qué «futuro» quieren. A lo que el presidente advirtió a su partido de que más le vale que respete la decisión del TC porque no hacerlo sería «incompatible con la democracia».
