Jordi Rosiñol Lorenzo

¡Pesadilla en la cocina socialista!

El desorden, y el caos se adueñan de Ferraz, se adueñan a la misma velocidad que su inquilino nos demuestra su falta de responsabilidad, y lealtad institucional, en momentos que España necesita unidad para afrontar estable el futuro.

¡Pesadilla en la cocina socialista!
Jordi Rosiñol Lorenzo. PD

El flamante secretario general de PSOE como un producto defectuoso elaborado en las cocinas del partido, no solo la lía una vez tras otra, sino que guiado por un afán de protagonismo absoluto, es capaz de pactar cualquier cosa, con cualquiera, y a cualquier precio, es capaz de sorprendernos como casi sin despeinarse, regala los oídos a unos, y a otros, sin importarle lo más mínimo el coste que sus acciones pueden suponer para el conjunto de la ciudadanía.

Si en algo coinciden la mayoría de personas independientemente de su ideología, es en la necesidad de llegar a un gran acuerdo a tres bandas entre las fuerzas más votadas en diciembre del pasado año, las tres fuerzas que sobre el papel tienen un criterio, claro y serio de país, un pacto que devuelva la estabilidad política, y por ende económica tan necesaria para las familias y empresas, no podemos permitir que el egoísmo de una persona, que sonroja y deja sin palabras hasta a los militantes, simpatizantes y votantes de sus propias filas, que el país retroceda dejándolo en manos de unos que lo quieren partir, y de otros que directamente lo quieren destruir.

Los muros a la razón levantados por Pedro Sánchez en el PSOE se alzan evitando oír, y aun menos escuchar las clamorosas voces de la experiencia, endiosado e invidente se mueve blandiendo los cucharones entre las ollas centenarias del socialismo, unas cacerolas que nunca habían estado tan dejadas, tan sucias, y tan mal aprovechadas.

La social democracia española necesita, y debe de resurgir de la mano de nuevos y antiguos dirigentes que poseen la sensatez necesaria para llevarlo a cabo, unos dirigentes que como un Chicote de la política devuelva al partido el sentido común, y la responsabilidad perdida por la nueva hornada que salió a la venta en el mostrador patrio a medio cocer, y así de esta manera no poner fin a más de cien años de socialismo, ni a más de mil años de país.

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