PEDERASTAS SIN FRONTERAS

El nacionalismo catalán ayudó a encubrir los abusos sexuales de los monjes independentistas de Montserrat

El nacionalismo catalán ayudó a encubrir los abusos sexuales de los monjes independentistas de Montserrat
Miguel Hurtado, víctima de abusos, y Josep Maria Soler, abad de Montserrat. EP

Una sonrojante vergüenza (El independentista abad de Montserrat pide perdón por los abusos a menores, pero se aferra al cargo).

A finales de 2000, varios medios, entre ellos ‘El Mundo’ como reseña este 6 de febrero de 2019 Oriol Trillas, publicaron una serie de informaciones respecto a la existencia de un frente gay en la Abadía de Montserrat; un lobby homosexual que había formado un subgrupo de poder en la comunidad monástica, que había provocado la destitución de los dos últimos abades, Cassiá M. Just y Sebastià Bardolet (Los monjes de Montserrat rezan por los golpistas que pasarán ‘su segunda Navidad en la cárcel’).

Esas informaciones cayeron como una bomba y la mayoría de políticos y medios salieron en defensa del honor mancillado a la comunidad de monjes. Desde el presidente Jordi Pujol, que se desplazó personalmente a Montserrat a solidarizarse con el abad, hasta políticos de izquierdas como Joan Reventós o Antoni Gutiérrez, que encabezaron un manifiesto (¡Con la Iglesia hemos topado!: Mitin de Torra en un monasterio con la abadesa aplaudiendo a rabiar).

Incluso Ernest Lluch publicó un artículo en La Vanguardia -días antes de ser asesinado por ETA- en el que acusaba a los reportajes de homófobos, anticlericales y anticatalanistas (Un párroco catalán cuelga del campanario la bandera de los piratas turcos islamistas).

Pero la palma se la llevó una entrevista de Enric Juliana al abad Josep María Soler en La Vanguardia que debería ser motivo de estudio en cualquier facultad de periodismo. ¡Una entrevista sobre una no noticia! Una entrevista sobre un tema del que el rotativo no había informado (El Obispado de Gerona cede un espacio para homenajear a los golpistas presos).

Una entrevista acerca de sobreentendidos, que aquel que se informase únicamente con el diario del Grupo Godó no podía saber de qué demonios hablaban. Pero las respuestas del abad no tenían desperdicio.

Según él «nos sentimos heridos como personas y como ciudadanos» o «nos suena a montaje y han causado un grave daño a la comunidad», para terminar con el típico envoltorio: «Veo en los hechos de estos días la voluntad de desprestigiar los valores evangélicos, la propia Iglesia como institución, Cataluña e incluso las bases éticas de la sociedad».

El típico ataque a Cataluña. ¡Y a las bases éticas de la sociedad!

18 años después el abad Soler se ha tenido que tragar estas palabras. Ahora se ha sabido -y el propio abad ha reconocido- que en 2000, cuando hablaba de montaje y voluntad de desprestigio, ya tenía conocimiento no sólo de la homosexualidad, sino de la pederastia de, al menos, uno de sus monjes.

Cuando hablaba de ataque a Cataluña y había movilizado a políticos y medios, sabía que uno de sus frailes, el hermano Andreu Soler, había abusado de un chico de 15 años, Miguel Ángel Hurtado.

Y en aquel año 2000, en el que se sentía herido por un ataque a «las bases éticas de la sociedad», enviaba una carta a la víctima en la que le manifestaba:

«Estoy decidido a investigar a fondo esta cuestión, no solamente en cuanto a tu caso personal sino a un nivel más amplio».

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